En vísperas del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, que se celebra el 2 de abril, el reconocido psiquiatra infantojuvenil Christian Plebst señaló que “el autismo puede considerarse una pandemia” debido al notable incremento en su diagnóstico durante las últimas tres décadas.
Según Plebst, en los años 90 se registraba un caso de autismo por cada 2.500 niños, mientras que en la actualidad la cifra es de uno en 36, lo que representa un aumento de casi el 6000%.
Este incremento no puede atribuirse únicamente a una mayor concienciación o a mejoras en las herramientas diagnósticas. Plebst sostiene que el autismo es un síndrome conductual dinámico, resultado de múltiples factores que incluyen causas biológicas, genéticas, congénitas, ambientales y sociales. En este contexto, el uso excesivo de pantallas desde edades tempranas emerge como un factor de riesgo significativo en el desarrollo infantil.
El psiquiatra advierte que el abuso de pantallas puede afectar el desarrollo de la atención, el lenguaje y la interacción social en los niños. La exposición excesiva a dispositivos digitales reduce el tiempo de juego libre y la exploración del entorno, lo que puede afectar la maduración del cerebro en etapas cruciales. Por el contrario, el contacto con la naturaleza y las actividades al aire libre favorecen la estimulación sensorial y la regulación emocional, elementos fundamentales para el desarrollo infantil.
Plebst también destaca la importancia de detectar de manera temprana las señales de alerta del autismo, que incluyen la falta de contacto visual, la ausencia de respuesta al nombre, dificultades para compartir intereses o emociones y patrones repetitivos de comportamiento. La identificación precoz de estos signos es clave para implementar intervenciones oportunas que mejoren la calidad de vida de los niños y sus familias.
El impacto del autismo en la salud pública es considerable. Un estudio publicado en The Lancet Psychiatry en diciembre de 2024 reveló que, en 2021, alrededor de 61,8 millones de personas en todo el mundo eran autistas, lo que equivale a aproximadamente una de cada 127 personas. Además, el autismo se posiciona entre las diez principales causas de problemas de salud no mortales en jóvenes menores de 20 años.
Es fundamental destacar la importancia de la detección temprana y del apoyo continuo a las personas con autismo y sus familias. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 ha dificultado estos procesos. Informes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC) indican que, aunque la tasa de diagnóstico de autismo ha aumentado, las interrupciones causadas por la pandemia han afectado negativamente la identificación y evaluación precoz de este trastorno.
Fuente: Infobae
