El cardenal Kevin Farrell, camarlengo de la Santa Sede, el hombre designado para la transición.

El cardenal Kevin Farrell, camarlengo de la Santa Sede, anunció la muerte de Francisco en un mensaje de video este lunes, una noticia de impacto mundial. Su rostro se hizo conocido para millones en otro momento histórico para la Iglesia Católica. A partir de ese momento, su rol comenzó a tener una importancia fundamental en el momento de transición hasta que se nombre al sucesor de Jorge Bergoglio.

Farrell comunicó que el pontífice argentino había “regresado a la casa del Padre“, lo que dio inicio al período de sede vacante, en el que la Iglesia católica queda temporalmente sin papa.

Farrell, de 77 años, pasó desde ese instante a ser la máxima autoridad operativa en el Vaticano, así como su rostro visible.

Nacido en Dublín como el segundo de cuatro hermanos en 1947, Kevin Farrell se vinculó a la Iglesia católica desde su juventud. Estudió en la Universidad de Salamanca (España) y en universidades pontificias de Roma, donde obtuvo títulos en teología y filosofía.

Ordenado sacerdote en 1978, comenzó su ministerio en México como capellán universitario en Monterrey; poco después se trasladó a Estados Unidos y se integró a la arquidiócesis de Washington, donde dirigió organizaciones de caridad y llegó a ocupar cargos administrativos.

Este cardenal asumió el rol que las normas eclesiásticas reservan al camarlengo: liderar la Santa Sede mientras se prepara la elección de un nuevo pontífice.

Además de comunicar el fallecimiento de Francisco, la grabación sirvió para introducir al hombre que, desde ese momento, toma el mando en el Vaticano.

Farrell asumió las primeras tareas clave tras la muerte de Francisco. En primer lugar, protagonizó la llamada “confirmación del fallecimiento” en la residencia de Santa Marta, donde residía el Papa.

Tal y como establece la tradición, el cardenal pronunció tres veces el nombre de pila del pontífice (“Jorge, Jorge, Jorge“) sin obtener respuesta, por lo que declaró su muerte.

Además, custodió el cuerpo en la residencia y organizó su traslado, previsto para este miércoles, a la basílica de San Pedro, donde los fieles podrán despedirse.

Farrell también está a cargo de la coordinación del funeral y del entierro, que deben celebrarse entre el cuarto y el sexto día después del fallecimiento, según establecen las normas eclesiásticas.

El cardenal presidirá los primeros ritos fúnebres y supervisará el cumplimiento de los deseos del propio Francisco: evitar el tradicional catafalco – una plataforma elevada donde se expone el cuerpo del papa en la basílica de San Pedro- y ser enterrado en un ataúd de madera sencillo, fuera del Vaticano.

Como máxima autoridad administrativa de la Santa Sede en este período extraordinario, Farrell tiene la responsabilidad de garantizar el funcionamiento esencial del Vaticano.

Esto es especialmente importante ahora, ya que es año de Jubileo y hay muchos eventos relacionados“, explicó el historiador italiano Gerardo Ferrara, representante de Fundaciones de habla hispana en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma.

Aunque no puede tomar decisiones doctrinales ni hacer nombramientos, el camarlengo sí debe garantizar que los servicios sigan operando y que se cumplan todas las etapas del protocolo sucesorio.

Una de las más importantes es la preparación del cónclave, el proceso secreto en el que los cardenales se reunirán para elegir al nuevo papa, y cuyo calendario deberá coordinar.

Con información de la BBC Mundo.