El último debate presidencial previo a las elecciones del 16 de noviembre en Chile estuvo dominado por los temas de seguridad, economía y políticas sociales, en un escenario político cada vez más polarizado.

Los ocho candidatos expusieron sus propuestas y diferencias, en lo que se considera la última gran oportunidad de la oficialista Jeannette Jara para frenar el avance de las opciones de derecha lideradas por José Antonio Kast, Johannes Kaiser y Evelyn Matthei.

Jara, candidata del Partido Comunista y actual ministra de Trabajo, defendió la necesidad de abordar las causas estructurales de la delincuencia y la desigualdad. Con un 38% de intención de voto según las últimas encuestas, busca asegurar su paso al balotaje, aunque los sondeos proyectan una segunda vuelta el 14 de diciembre.

Sin lugar a dudas, el debate sobre seguridad fue el eje más confrontativo de la noche. Evelyn Matthei, representante de la derecha tradicional, prometió “combatir al Tren de Aragua y al terrorismo” como parte de un plan para “llevar a Chile a la cresta”. Kast, por su parte, rechazó la creación de un Ministerio de Seguridad, afirmando que el actual Gobierno “no ha sido capaz de administrar los recursos ni mantener el orden”.

En contraposición, Jara sostuvo que la lucha contra el crimen debe centrarse en los niveles de poder económico detrás de las organizaciones delictivas: “A los candidatos de derecha les digo: no encarcelaremos a quienes roban un Super8; perseguiremos a los que manejan el dinero del narcotráfico y el crimen organizado”.

La candidata propuso levantar el secreto bancario para rastrear capitales de origen ilícito. En el otro extremo, el populista Franco Parisi reiteró su lema de “bala o cárcel para los criminales” y pidió sacar a los militares a las calles, mientras que Harold Mayne-Nichols, el representante del centro, advirtió que “Chile no debe repetir el modelo represivo de Río de Janeiro”.

Consenso en pensiones y debate sobre aborto

En materia social, Jara reiteró sus tres prioridades: vivienda, educación y salud pública. También defendió la Pensión Garantizada Universal (PGU), una de sus principales políticas durante su gestión como ministra.

Mayne-Nichols coincidió en la necesidad de ampliar la PGU, considerándola “un deber más que un gasto”. En cambio, Johannes Kaiser se mostró crítico con las políticas laborales, afirmando que “no se debe indemnizar a las personas por perder el trabajo”.

El debate sobre el aborto generó un fuerte contrapunto. Mientras Matthei destacó la educación como herramienta para evitarlo, Marco Enríquez-Ominami, Jara y Eduardo Artés respaldaron la propuesta de despenalización hasta las 14 semanas.

Kaiser, en cambio, rechazó de plano la iniciativa, asegurando que “matar guagüitas no está en nuestro programa”.

Gasto público, recortes y nacionalización

En el plano económico, las diferencias fueron notorias. Artés y Mayne-Nichols coincidieron en la necesidad de fortalecer el empleo, aunque con enfoques distintos: el primero defendió la renacionalización del cobre y el litio, mientras el segundo apuntó a mejorar la calidad laboral y los salarios.

Jara cuestionó la visión fiscal conservadora de sus rivales: “Proponen recortes como si fuera una subasta, pero reducir el gasto sin afectar lo social es una ilusión”.

Kast y Kaiser la acusaron de populismo, con Kast insistiendo en que “Chile dejó de crecer por falta de gestión y exceso de ideología”.

Sin candidatos que tengan garantizada una victoria en primera vuelta, el país trasandino se prepara para vivir por primera vez unos comicios que tendrán participación obligatoria en elecciones presidenciales.