El Vaticano cerró este viernes uno de los capítulos más conmovedores de su historia reciente con el sellado del féretro del papa Francisco en una ceremonia privada y sin cámaras.

Más de 250.000 personas pasaron durante tres días por la Basílica de San Pedro para despedir a Jorge Mario Bergoglio, el pontífice argentino que revolucionó la Iglesia con su cercanía, su lucha contra los abusos y su defensa incansable de los pobres y marginados.

Francisco falleció el 21 de abril a los 88 años. Desde entonces, creyentes, turistas y líderes de todo el mundo confluyeron en Roma para rendirle homenaje. Entre ellos, los reyes de España, el presidente francés Emmanuel Macron, Lula da Silva y la presidenta de Honduras, Xiomara Castro.

El Vaticano habilitó la Basílica incluso durante la madrugada para responder a la masiva afluencia de fieles, que aguardaron durante horas para despedirse del papa que eligió vivir en una residencia sencilla, cocinarse solo y moverse en transporte público.

El acto final será este sábado, con el funeral en la Plaza de San Pedro y el traslado definitivo de sus restos a la Basílica de Santa María la Mayor, lugar que él mismo había elegido para su descanso eterno. Será sepultado bajo una lápida austera con una sola palabra: Franciscus.

En el interior del ataúd, según marca la tradición, se colocó el rogito, un documento que resume su vida y legado. Allí se destaca su formación en química, su ingreso a la Compañía de Jesús, su elección como papa en 2013 tras la renuncia de Benedicto XVI, y su predilección por San Francisco de Asís.

El texto también subraya sus esfuerzos por combatir la pederastia en la Iglesia, su impulso al diálogo interreligioso y su compromiso con la ecología, reflejado en la encíclica Laudato Si’.

El documento lo retrata como un pastor humilde, de estilo sobrio y convicciones firmes, que habló de una “Tercera Guerra Mundial en pedazos” y clamó por la paz en los principales focos de conflicto del planeta. Francisco deja así, como concluye el rogito, “un testimonio admirable de humanidad, vida santa y paternidad universal”.