Impsa
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El Estado nacional y la Provincia hicieron una gran apuesta para auxiliar financieramente a una de las empresas más importantes de Mendoza, IMPSA.

Millones de dólares fueron destinados a mejorar el estado económico de una firma que fue innovadora y cayó en una grave crisis. Lo significativo de aquel aval fue que había permitido el rápido acuerdo entre dos gobiernos de distintos signos políticos que, generalmente, se llevan de los pelos. Sin embargo, las decisiones fundamentales que pesan sobre los negocios importantes de la obra pública penden de los internismos y de las peleas intestinas en un gobierno que terminan paralizando la gestión y, a fin de cuentas, complican la realización de esos trabajos. 

Esto también sucede con la ex Pescarmona, donde el lobby por las diferencias en el área económica del Gobierno nacional impide avanzar con una licitación en Córdoba. No es una defensa de la metalmecánica, sino un síntoma evidente de los problemas que complican la actual gestión en la Casa Rosada. Al no haber consenso, lo que aflora sin regulación ni prurito son las diferencias cuando unos funcionarios van en una dirección y otros toman un camino distinto.

Tanta zancadilla no hace fracasar simplemente a un ministro que, en definitiva, es un fusible de una administración; frena o hace perder el equilibrio a una supuesta recuperación económica que queda sofocada por estas contradicciones.