El escándalo del vacunatorio VIP vinculadas al Gobierno nacional, es decir, para aquellas personas que estaban en una fila aparte, poco transparente y hasta no incluidas en los grupos especiales que tenían prioridad en varios casos, ha quedado inicialmente en la nada. Al menos así lo ha decidido la Justicia, que consideró que, pese al reconocimiento de los implicados, no hay delito alguno.
Más allá de la decisión judicial, lo cuestionable es que toda esta irregularidad se dio en un momento de escasez de vacunas y cuando los primeros en recibirla estaban debidamente justificados por su vulnerabilidad. Con la vacunación por fuera de los turnos oficiales, a escondidas y hasta a domicilio, el mayor proceso de inmunización del país se vio manchado y alterado. Habrá un costo político que no podrá disimularse ni con el último argentino que haya sido alcanzado con la dosis completa.
La sensación que queda hacia abajo es que, como decía aquel dirigente del fútbol experto en el teje y maneje, todo pasa, pero sin que los responsables tengan su justa pena. Para colmo, los ciudadanos hasta tienen que soportar declaraciones de soberbia que muestran la impunidad con la que se manejan. Queda ahora por saber cuál fue el grado de responsabilidad penal del ex ministro de Salud Ginés González García, quien fue despedido por tener una lista de favoritos.
