Hay muertes que, más allá del dolor, también provocan una ardua discusión. Se pone de relieve más de un aspecto de lo que entra en debate y que antes ni siquiera llamaba la atención porque estaba naturalizado.

Hoy es Silvina Luna quien lo encarna con su fallecimiento. Habrá que poner la lupa en los controles de los organismos pertinentes sobre las sustancias permitidas en operaciones estéticas.

Habrá quien sólo se concentre en la responsabilidad del médico o le reclame una pena más dura a la Justicia. No será menor ni leve lo que pueda decirse sobre los estándares que se exigen en la vida moderna para ser alguien, para triunfar en un determinado ámbito profesional o, simplemente, para ser tenido en cuenta.

Por estas horas, sobre todo en las redes sociales, hay contrapuntos feroces y observaciones razonables sobre los cánones de belleza que se les exige a las mujeres en más de una dimensión de sus vidas.

Todo este material cultural será discutible y acertado, tal vez, pero en el fondo nos lleva a pensar en cómo queremos vivir en más de un momento, como cuando no nos entra un jean en un probador y nos hace mal.

En tiempos en los cuales políticamente se discute sobre la libertad de los argentinos, también repensar los mandatos sociales puede ser una provocación para liberarnos de los mandatos que no le hacen bien a nadie.