¿Por dónde pasa la realidad? No es una pregunta que sólo pueda responderse filosóficamente como pasatiempo de café. Y agreguemos otra: ¿por dónde circulan las preocupaciones que debe atender un gobierno o un mandatario y los consecuentes esfuerzos por cambiar el panorama de las cosas que enfrenta? Hay un menú variado por estos días, que a menudo se ve abultado porque, verdaderamente, es una bolsa de problemas estructurales y coyunturales entre heredados y provocados, sombrío incluso por las perspectivas de solución a lo largo del tiempo y los millones de expectativas que tenemos las personas que vivimos en este país. Con el milenio llegó este formato de reality a la televisión nacional, que en el fondo no compite en nada con lo que ocurre en la calle porque es entretenimiento. Es un show que, como espectadores, tenemos la libertad de ver o no y cambiar de canal en la era de las redes sociales, entre otras opciones. De este modo, que un presidente ocupe el tiempo de sus colaboradores en responder lo que se diga sobre él en ese formato demuestra dónde está puesta la cabeza de una gestión. En otras palabras: un funcionario no puede estar en esas frivolidades.
Una gestión en la burbuja de su reality
