Desde hace años, el país está sumido en una crisis.
Cada gestión la ha profundizado. A la par del deterioro económico hay una correlación con la degradación social.
Donde más impacta todo esto es en las comunidades vulnerables, donde pululan los punteros de los partidos políticos para ganar un favor en tiempos electorales, además de un entramado de organizaciones que ponen el lomo para ayudar a merenderos, comedores y centros culturales y que va más allá de la circunstancia política.
Estas entidades intervienen en un sector medio donde el Estado no llega.
Su tarea es importante en el día a día, no sólo con el pan, sino también para preparar una red de contención para las personas que sufren un problema en particular y evitan que sea peor.
Con el tiempo, han ido apareciendo cada vez más, en otros casos, no resisten la soledad y desaparecen, en tanto que otras se mantienen a lo largo del tiempo, contra viento y marea.
Es tal la diversidad de dramas que atravesamos que con los años se han ido diversificando.
Si hay que reconocer su labor, muchas veces silenciosa, es porque resisten, se esfuerzan y contienen a mendocinos que, sin esa mano fundamental, tendrían una vida más complicada de lo que ya es.
