En medio de la expectativa por la llegada de León XIV al país, un detalle del avión que lo transporta llamó la atención: sobre el fuselaje azul de la aeronave de Aerolíneas Argentinas se lee “Pontifex Maximus”. La expresión no es casual. Tiene una historia que se remonta a más de dos mil años, incluso antes del nacimiento del cristianismo.

Traducida del latín, significa “máximo pontífice” o “sumo pontífice”. Su origen está en la antigua Roma, donde el Pontifex Maximus era la máxima autoridad del colegio de sacerdotes, una institución central en la organización religiosa romana. Entre sus responsabilidades estaba la supervisión de los cultos y ceremonias oficiales.
El título también tenía una dimensión política. Durante el gobierno de Augusto, el primero de los emperadores romanos, el cargo quedó asociado al poder imperial. Desde entonces, los emperadores incorporaron esa denominación a sus títulos oficiales, como una expresión de su autoridad religiosa.
De la antigua Roma al Vaticano
La relación entre la expresión y el papado no fue inmediata. Aunque durante siglos se sostuvo que los primeros papas habían adoptado el título tras el abandono de esa denominación por parte de los emperadores, investigaciones históricas más recientes cuestionaron esa versión.
Un estudio académico de los investigadores Roald Dijkstra y Dorine van Espelo, publicado en 2016, concluyó que el uso de Pontifex Maximus como una denominación asociada al Papa se consolidó recién durante el siglo XV, en el Renacimiento.
La expresión recuperaba así una referencia de la tradición romana y contribuía a representar la autoridad del obispo de Roma. Con el paso del tiempo, su utilización se extendió en inscripciones, monumentos y representaciones papales.
Hay, además, una particularidad: aunque se utiliza ampliamente para identificar al Papa, Pontifex Maximus no integra formalmente la lista de títulos oficiales reconocidos en el Anuario Pontificio.
¿Qué significa pontífice?
La palabra pontifex tiene una etimología discutida. Una interpretación tradicional sostiene que surge de la unión de dos términos latinos: pons, que significa puente, y facere, que significa hacer. De allí proviene su traducción como “constructor de puentes”.
Con el tiempo, esa explicación también adquirió un sentido simbólico: el pontífice como quien construye un puente entre los hombres y Dios. No obstante, los especialistas advierten que no existe consenso definitivo sobre el origen lingüístico de la palabra.
Así, las dos palabras que lleva el avión que trasladó a León XIV a la Argentina condensan una historia que atraviesa la antigua Roma, el poder imperial y la tradición de la Iglesia católica. Una inscripción breve para una denominación que sobrevivió durante más de dos milenios.
