El año pasado, el Gobierno lanzó varias ideas para paliar una crisis que lleva más de una década y abre serias preguntas hacia el futuro del Gran Mendoza: el abastecimiento de agua. Fue un stock de novedades y la mayoría no se ha materializado. La más cercana a implementarse es la instalación de micromedidores en 500 casas de Guaymallén, pero el plan piloto se ha visto demorado. El problema que dilata la ejecución es, nada menos, que la importación de ciertos insumos específicos.
Más allá de los problemas macroeconómicos que resultan una traba para muchos, entre Estado y privados, también es necesario señalar que la apuesta que se ha dado a la empresa pública de aguas de la Provincia no es menor y que ya debería estar dando algunos resultados, por varias razones: la primera, porque se han destinado recursos millonarios para esto; luego, se sigue incrementado la tarifa, más que otros servicios públicos. Y, por último, porque hay que comenzar a medir para evitar el derroche. No hay más excusas.
