No hay país que pueda proyectarse en el mediano y largo plazo si no es gracias a una serie de reglas claras para todo el mundo. Eso funciona en general en todos lados, pero en Argentina la historia es muy distinta.
Acá, los principios de equilibrio y sostén no nos sirven ni para el corto plazo, porque son, en parte, económicos.
Nos permiten entender que, ante una crisis inflacionaria, como el peso se devalúa, hay otra moneda en la que refugiarse para cuidar los ahorros: el dólar.
También están los plazos fijos, como otra herramienta para evitar que la moneda norteamericana complique la economía.
Sin embargo, a menos de dos semanas de las elecciones presidenciales, esa sensación de salto al vacío, de no poder prever qué pueda llegar a ocurrir si se confirman las tendencias de las PASO, genera mecanismos de defensa en los ahorristas porque no hay principio que sirva para lo que pueda suceder el lunes 23.
Para colmo, los dos debates de los candidatos no han arrojado muchas luces a los principales problemas financieros, porque lo que primó fue la necesidad de darle la “trompada en los riñones” al rival para que este doble las rodillas.
Es un país de equilibristas, básicamente, a los que les cuesta hacer el pie con su propia moneda.
