Desde hace varias semanas, Argentina es mencionada en otros países como un contra ejemplo, un camino por el que no hay que transitar para esas economías locales. Las menciones se ubican entre posiciones ideológicas que critican las fallas del modelo peronista en vigencia, así como también la intencionalidad política de sumar para la campaña electoral en detrimento del candidato rival. En el primero de los casos, el modelo argentino es diseccionado en España de esa forma, en la segunda, el bolsonarismo en Brasil hace lo suyo para mantenerse en el poder. 

El país se apresta, en cuestión de meses, a ingresar en esa recta electoral que servirá para definir una propuesta que explique mejor cómo resolverá con gestión los principales problemas que nos atraviesan. Esto, si fuera al menos en los términos racionales de un elector que busca lo mejor en lugar de un castigo para el que hizo mal las cosas. Sucede lo contrario y lo que ha predominado en general han sido ofertas electorales montadas sobre la reacción a un proyecto opuesto que a un modelo de desarrollo bien pensado hacia el largo plazo. Es una de las razones del atraso en más de un aspecto. 

Producto de eso es que el próximo presupuesto vendrá con un ajuste importante en el área educativa. La decisión política no es menor, entre todas las secciones donde el Ejecutivo pudo haber elegido para bajar el déficit. Al parecer no se ha tenido en cuenta el impacto negativo que ha tenido la pandemia a un sistema que ya de por sí tiene sus debilidades y que la educación a distancia por el virus profundizó. Como se ve, entre todas las decisiones que pueden tomarse, se sigue apelando a recortar donde debería haber una mejor inversión.