El horizonte electoral que presenta este año está cada vez más cerca y lo que sobresale por el momento son las peleas internas entre las distintas fuerzas políticas de Mendoza. Son varias las decisiones que tienen que tomarse respecto del proceso para elegir nuevo gobernador e intendentes, por lo que se juega el destino de muchos, principalmente, funcionarios. Los tiempos quizás se adelanten si en algunos municipios se apuran las elecciones departamentales. Pero lo que prima, precisamente, son las discusiones que sobresalen y parecen distraer de los verdaderos intereses de los mendocinos.

En algún momento, los partidos y las figuras que compitan tendrán que mostrar cómo planifican sus propuestas para que la Mendoza que no va ni para atrás ni para adelante pueda salir de este pantano, y se tomen decisiones para reducir los niveles de desempleo y pobreza o mejore el ingreso del salario en el sector privado. No todas las cuestiones que afectan a esta provincia tienen que ver con lo macroeconómico.

Las calles siguen con buena cantidad de pozos, los caños de Aysam se rompen a menudo, se pierde mucha agua –que falta– y la inseguridad es un reclamo constante. La agenda de los ciudadanos corrientes claramente no pasa por las discusiones de candidaturas o si tal referente va por dentro o por fuera de tal espacio. La dirigencia tiene que recuperar la sintonía con sus electores.