Mendoza empieza a definir este domingo la renovación de sus autoridades, con los comicios anticipados en siete departamentos que actualizarán a sus intendentes, un proceso que posteriormente se coronará con la elección del próximo gobernador.
Y si hay algo que caracteriza este período es la efervescencia política entre las distintas fuerzas, un ímpetu por sacar pequeñas ventajas en un panorama de tercios que hace años la provincia no tenía.
Es más evidente en las redes sociales, esas herramientas que al ciudadano ignoto le sirven para despotricar contra sus representantes, justa o injustamente.
Pero esto no avala que entre candidatos estén pisándose la manguera constantemente. La discusión política, la que los griegos determinaron para modelar la democracia, está más cerca hoy de un nivel tan bajo, como si realmente pensaran que el voto se deposita en quién es más rápido o domador con un tuit.
El pulso lo marca la cantidad de chicanas que hay, mientras que las propuestas más racionales para captar el voto de los mendocinos pasan por la demagogia.
En esta recta final todavía faltan los debates porque es importante que les digan a los mendocinos cómo piensan impulsar el trabajo en el sector privado, tomar acciones para mejorar la distribución del agua o fomentar las actividades económicas relegadas, en el menú de problemas que se encuentran hasta por debajo de las piedras.
