Más allá de los extremos ideológicos, hay una cuestión central: las decisiones basadas en modelos de gestión populista, han generado más problemas que los que venían a resolver.
Es el caso de Las Heras, que este martes volvió a ser noticia porque la gestión decidió no renovar más de 600 contratos que, sobre todo y según los argumentos del oficialismo, habían sido impulsados en el último año. Este detalle no es menor, puesto que es evidente que una cantidad importante de personas entró a trabajar en medio de la campaña electoral, que en ese departamento fue feroz, cuando la ley de responsabilidad fiscal establece límites a este tipo de situaciones.
Tampoco es buena la noticia de arrancar el año con la falta de trabajo. Pero por más antipática que sea la decisión, muestra a la vez cómo se inflan los aparatos estatales que, en tiempos de crisis agudas, son los primeros que se pinchan.
A la par, es notorio cómo los servicios fueron declinando, sobre todo, el relativo al ambiente, uno de los más básicos que presta una municipalidad: la recolección de basura.
Este modelo de gestiones puede resultar aparentemente exitoso en un primer momento, pero a la postre el desengaño –para todos, para el vecino como para el empleado- es brutal, sobre todo, si cambian las reglas. Es lo que pasa cuando se regalan promesas con la plata de todos.
