Con la devaluación, que profundiza el proceso inflacionario que los argentinos tenemos desde hace años, el costo de vida es cada vez más alto. Basta considerar que la Canasta Básica Total, el conjunto de gastos que tiene que satisfacer una familia para no ser pobre, fue en julio 120 por ciento más cara que un año atrás. Y, mientras todo se incrementa, llama la atención cómo algunas cuestiones que hacen a la vida cotidiana de los mendocinos no ayudan en nada.

Muchas calles siguen en mal estado en un momento en que la suba del dólar impacta en los precios de los repuestos y, para estar en regla con la revisión técnica obligatoria, hay que desembolsar una fortuna.

Otro ejemplo: la pésima coordinación de los semáforos en las principales avenidas hace que, incluso, un conductor tenga que gastar más combustible porque se encuentra con el rojo en cada esquina sin que le toque en suerte una onda verde que permita fluir mejor con el tránsito. Y sí, la nafta es una de las cosas que no ha dejado de subir.

Por eso, en estos momentos electorales, cuando vuelve a discutirse el rol del Estado, hay que apuntar a la eficiencia de algunas tareas que corresponden, ya sea a los municipios, a la Provincia o a la Nación para que, en lugar de complicar y agravar la vida de los contribuyentes, puedan hacerla más sencilla, haciendo que las cosas funcionen como corresponde.