Por estos días de definiciones en torno al futuro electoral, se ha escuchado bastante hablar a varios dirigentes sobre el egoísmo y el personalismo. Todo esto, en medio de fuertes cambios en la composición de la alianza que gobierna Mendoza.
Habrá que ver cuánto de lo que se ha dicho, a favor o en contra, de estas decisiones que otorgan una configuración distinta del escenario político de Mendoza llega al ciudadano de a pie. O en qué medida las verdaderas encuestas que dejan trascender los partidos, por sus intereses, hacen referencia a los problemas sobre los que gira la vida cotidiana de los mendocinos.
La semana empezó con un crimen al oeste de Capital, que sirve para ubicarnos en el eje y bajar de la palmera al más distraído de los políticos que puede engolosinarse con las cifras sobre su imagen positiva. Aquel que quiera gobernar la provincia sepa que el futuro es más que arduo: hay que administrar una Mendoza en la cual cuatro de cada diez personas son pobres y donde es urgente crear empleo privado, más que estatal.
Claramente, la provincia del 2019 no es la misma que la del 2023 y las urgencias están a la orden del día, por fuera de las burbujas políticas.
