Congelados sus precios durante meses, la carne tuvo en 15 días dos aumentos consecutivos que pusieron de nuevo en apuros los bolsillos de un país carnívoro como Argentina, que ya venía de mal en peor con la inflación. Un consultor político que fue funcionario del kirchnerismo dio un consejo: “Hay que llenar el freezer”. El problema con los valores de lo que consumimos es que, como es una carrera despareja contra los salarios, poco a poco el ajuste se va realizando en los hogares.
Como consecuencia, las familias practican una adecuación en su economía. No es un asunto meramente económico, también social, porque la diversidad de chances que tienen una persona o un grupo familiar de realizar su vida se va acotando lentamente, hasta concentrarse nada más que en lo prioritario.
Las proyecciones financieras de los analistas privados no son optimistas de cara a un año en el que se vuelven a definir las conducciones políticas del Estado y, seguramente, habrá disponibilidad de recursos para cooptar voluntades. A la par, la agenda política del Gobierno parece canalizada en su conflicto con la Corte Suprema.
Y la pregunta de los ciudadanos seguirá siendo, cuando los dirigentes tengan que dar explicaciones de qué país quieren para los próximos 4 años: ¿quién arregla este entuerto para que podamos vivir más tranquilos, sin tanto desgaste diario?
