El Gobierno nacional parecía haberse relajado en su batalla contra la inflación. Tuvo dos meses y las autoridades en materia económica parecieron tomar un respiro, ya que los últimos dos datos permitieron ver un alivio en el horizonte.
Pero, cuando se despertaron de la siesta, se dieron cuenta de que la soga nuevamente estaba apretando el cuello. Por eso, apuraron un acuerdo con el sector de la carne para congelar precios.
Hasta ahora, la única herramienta que parecen haber encontrado es, precisamente, poner en el frízer cualquier cifra.
La carne, principal consumo argentino, es a la vez un síntoma del malestar generalizado. Nadie quiere relegar del asado de fin de semana y, en un año electoral como este, marca el pulso de los ciudadanos.
No en vano, la campaña en el 2019 del actual presidente fue apelar a lo que se había perdido entonces. Sin embargo, ya los empresarios del sector han adelantado que habrá aumentos. Y es que esa misma herramienta de poner hielo donde hay inflamación, también supone un ajuste de los valores que es previo al momento en que rige la medida. Los únicos que pierden, al final, son los consumidores.
