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La inflación tergiversa cualquier economía, a tal punto que complica las decisiones políticas sobre las tarifas de los servicios. Hablamos del transporte y la luz, dos cuestiones muy sensibles porque, por un lado, tienen que ver con el pasaje para ir a trabajar o estudiar y, por el otro, la energía, que contribuye a movilizar la producción.

La Provincia tiene la facultad de otorgar aumentos a los empresarios que prestan estos servicios pero, por el momento, tiene frenada esta decisión. Los estudios ya se han hecho y sólo resta, según las explicaciones oficiales, el dictamen de un organismo de control.

El problema es que, cuando se publiquen, esos valores ya han quedado detrás de las mediciones que se están dando sobre los precios, más la corrida del dólar.

Aplicar subas en las tarifas en un escenario electoral y en espiral inflacionaria es una de las medidas más antipáticas, por lo que pisar esas actualizaciones genera un efecto de bola de nieve.

La pelota que se arma puede llegar a ser más problemática, tanto para los usuarios como para las empresas.