Imagen ilustrativa.
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El sector de las empleadas domésticas fue uno de los más golpeados en sus ingresos por el impacto de la pandemia. Como participantes de un grupo informal de la economía, la cuarentena obligó a cesar en sus labores. Por eso, la decisión del Gobierno nacional de estimular su inclusión en un blanqueo de la actividad merece ser tomada como una buena iniciativa porque, en principio, permite regularizar su situación. Pero, a la vez, también contiene un grado de inequidad.

Cada vez que una gestión ha encarado un “blanqueo”, termina de alguna manera afectando a los que cumplieron al pie de la letra con la norma. Sucede algo similar con el tributo de los impuestos. Para lograr una mayor adhesión, los distintos gobiernos otorgan descuentos a los morosos a fin de mejorar la recaudación. Sin embargo, esa motivación tiene una contracara, que es la falta de reconocimiento a aquellos que cumplieron mes tras mes. No importa cuál sea el signo partidario, sucede a menudo y, sobre todo, en tiempos de crisis.

Esta falta de reconocimiento es, por otra parte, lo que buena parte de la sociedad viene exigiendo en distintas áreas porque, al final, parece que todo se reduce a premiar al que esquiva sus obligaciones con este tipo de descuentos. Y, reiteramos, en el caso de las domésticas, permitirá incorporarlas al sistema formal para mejorar su situación, a menudo vulnerable. Pero, en otros, los gobiernos todavía no pueden imaginar o disponer de una política de beneficios para aquellos que sí cumplen, a pesar de lo difícil que es hoy mantenerse a flote en el país.