La política argentina está atravesada por innumerables mañas que suelen transformarse en leyes y adoptar el estatus de institucionalidad. Eso no implica que, aun cuando sean normas ratificadas por una legislatura, dejen de ser lo que son: ardides para, en algunos casos, mantenerse en un gobierno o con una cuota de poder. Los ejemplos más recientes son cercanos geográficamente: San Luis primero y, ahora, San Juan. En ambas provincias se habilitó la Ley de Lemas, por lo que en el cuarto oscuro el elector se encontró con innumerables boletas que no hacían mejor la democracia sino que buscaban mantener al dirigente que se postulaba o nutría de este sistema. En ambos casos, el oficialismo perdió. Un llamado de atención. También, el sanjuanino Sergio Uñac tuvo un freno en el máximo tribunal del país cuando intentó una nueva reelección, desoyendo, incluso, los llamados internos al forzar al extremo la Constitución provincial. La política argentina se alimenta de estas mañas, pero sólo en las urnas puede liberarse de las mismas. No hay otra lección.