Los argentinos vivimos presenciando escándalos de nuestra dirigencia política, a tal punto que hemos pasado de la vergüenza ajena y el descontento generalizado a no sorprendernos de que algunas cosas ocurran.
Las fotos de un funcionario de Buenos Aires con una modelo en el exterior son escandalosas, por más de una razón, en primer lugar, porque estamos inmersos en una profunda crisis tanto económica como social y lo que hacen los funcionarios, aun en su tiempo libre, no deja de generarnos preguntas.
¿De dónde salen los fondos que utilizan para tener vacaciones de lujo en destinos carísimos cuando todos sabemos lo complicado que es conseguir dólares y que no cualquiera tiene acceso al mercado de cambio a un valor más económico?
Lo que ayer fue la foto del cumpleaños en la residencia presidencial de Olivos, ahora son las imágenes de un yate.
Fuera de esto, por más que estén exigidos a manifestar alguna opinión porque la campaña electoral los empuja, la honestidad no tiene que ser meramente declarativa.
También se juega en los documentos. Entre ellos, las declaraciones juradas
que cada funcionario tiene la obligación de presentar. Precisamente, en la provincia hay declaraciones que no terminan de justificarse y esto debería ser trabajo de los organismos de control. No basta con rasgarse las vestiduras, también hay que ser transparente.
