Este lunes, miles de chicos mendocinos regresan a las aulas. Aunque parezca parte del ciclo propio del crecimiento, representa más que un triunfo en varios aspectos. Para empezar, el económico. No es un detalle menor que lo necesario para asistir al año escolar tenga cada vez la vara más alta. Los útiles y el uniforme que suelen exigirse forman parte de esa espiral inflacionaria que corre por delante de los salarios, y más de un padre se tiene que volver flexible para hallar la forma de cumplir y, al mismo tiempo, economizar. El esfuerzo también se siente en el sector de la educación privada debido a las cuotas.
Por otro lado, vuelve a renovarse en cada familia, en los padres, estudiantes y, por supuesto de igual manera, en todos aquellos que los esperan en las escuelas, este desafío por intentar algo más. Es cierto que los indicadores a veces nos muestran que la batalla es cultural y se da, en buena medida, en los colegios. El desafío, entonces, es mejorar en las materias esenciales, además de llevar a la educación a una instancia superadora.
El debate que se dio en Buenos Aires sobre los repetidores marca la pauta. Hay que elevar la vara para ir en contra de la mediocridad.
