En su día, los maestros, con seguridad, no sólo festejarán sino que volverán a pensar en todo lo que significa estar al frente de un aula, en las dificultades que se les presentan en cada jornada, tal vez poco ligadas a lo netamente educativo.

El tamaño de la responsabilidad que tienen, a veces, cuesta dimensionarlo y, hoy, en los tiempos que corren, los riesgos que enfrentan son cada vez mayores. De ahí la importancia de cuidarlos, de mimarlos, porque son el soporte del futuro de un país que intenta salir a flote, de respirar, de dar un giro.

Es menester del Estado brindarles protección, y de toda la comunidad, tenerles respeto y confianza. Por eso, como un reconocimiento a su labor, tendrán desde este nuevo Día del Maestro, una ley que los ampare ante cualquier amenaza o acto violento. Sólo resta esperar que cada uno cumpla su rol, y que los alumnos, pero, sobre todo los padres, lo entiendan así. La escuela es también el hogar.