La consagración de Gimnasia y Esgrima de Mendoza en la Primera Nacional tuvo un protagonista central: César Rigamonti. El arquero fue determinante en la tanda de penales que selló el ascenso a la Liga Profesional, atajando dos remates decisivos ante Deportivo Madryn. A sus 38 años, el cordobés vivió una de las noches más intensas de su carrera, en la que se mezclaron la gloria deportiva y una profunda carga emocional.

Rigamonti había anticipado el desenlace días antes, compartiendo con sus compañeros que imaginaba una final cerrada que se definiría desde los doce pasos. El desarrollo del partido confirmó su intuición. Tras el empate 1-1 en el tiempo reglamentario, la serie terminó 3-0 para el Lobo, con el arquero como figura indiscutida. Sus intervenciones marcaron la diferencia y abrieron el camino a la vuelta olímpica.

Después del encuentro, entre lágrimas, Rigamonti dedicó la victoria a su padre fallecido. “Se lo dedico a mi viejo, sé que está ahí arriba. Estas lágrimas son de él. Sé que él nos llevó, nos empujó hasta la final y al ascenso”, expresó visiblemente emocionado. También agradeció a su familia por el apoyo durante un año atravesado por lesiones y momentos difíciles.

El arquero destacó además el trabajo previo con el cuerpo técnico en la preparación para la definición por penales. “Lo trabajamos con el staff de arqueros, con Paolo, Lautaro y Petrucci. Esto fue un trabajo en conjunto”, señaló. Su actuación consolidó su figura en el plantel y selló un ascenso histórico para la institución mendocina.

Con el ascenso asegurado, Rigamonti cerró la noche con una frase que sintetizó su recorrido: “Estoy muy feliz de haber podido ayudar a que esta institución tan grande vuelva a estar donde merece. Este ascenso es para toda la gente de Gimnasia, que nunca dejó de creer”.