La NASA había controlado el despegue desde Cabo Kennedy en EE.UU. del cohete Saturno V, que trasladaba a la cosmonave Apolo 11, hacia el espacio, el 16 de julio y cuatro días después cumplía su objetivo.

Eran las 16.17 del 20 de julio de 1969 cuando el módulo desprendido de la nave Apolo 11 se posaba en la Luna.

Los norteamericanos habían logrado que una nave alunizara en la superficie del satélite. El suceso estremeció las noticias de ese domingo, mientras la guerra de Vietnam continuaba con la ocupación estadounidense.

Aquí en Mendoza por la 17° fecha del torneo de la Liga Mendocina de Fútbol, Gimnasia le había ganado 3 a 0 a Atlético Argentino el sábado y ese domingo de cinco partidos, se dieron cuatro triunfos visitantes: Atlético San Martín 1- Independiente Rivadavia 3, Luján Sport Club 1-Mundialdo 4, Deportivo Guaymallén 0-Atlético Palmira 1, Godoy Cruz 0-Deportivo Maipú 1 y el empate de Huracán L.H. 2-Andes Talleres 2.

Con mi padre fuimos a ver el partido entre el Tomba y los Cruzados. A los 12 años cursaba el séptimo grado en el instituto Padre Vásquez, frente a la plaza de Maipú y cada domingo disfrutaba viendo los partidos de la Liga.

Entramos a la cancha de Godoy Cruz costeando el zanjón (actualmente calle Balcarce) y pasábamos por abajo del puente del ferrocarril. Era la misma entrada para locales y visitantes en un predio de tierra en lo que actualmente ocupa la sede social, la cancha de handball, las canchas de básquetbol y a un costado había una cancha de fútbol (actualmente la pileta y el espacio verde).

El Tomba había sido el campeón de 1968 y esa tarde el DT Orlando Cipolla puso a: Héctor Osvaldo Pedone; José Calderón, Oscar Trentino, Carlos Montagnoli, Alberto Castro; Alcides Schanz, Hugo León; Jorge Pardo, Norberto  Johnston, Eduardo Mandón y Carlos Cabrera.

Para Maipú jugaron: Enrique Rubens; Oscar Palazzo, Sixto Alaniz, Alex Maldonado, Luis Hernández; Félix Reveco, Miguel Tau; Ricardo Nebdala, Pedro Palazzo, Juan Carlos Grudzien y Oscar Manrique. Eran dirigidos por Bernardino Prado.  

El modulo, que era una nave pequeña, transportaba a Neil Armstrong y Edwin Aldrin luego de desprenderse del Apolo 11 (con Michel Collins al mando) que continuaba girando en la órbita y a las 4 de la tarde con 17 minutos logró el alunizaje.

En ese mismo instante, las radios a transistores anunciaban el acontecimiento, los altavoces del estadio dieron la noticia y el árbitro Ernesto Antiga paró el partido. La gente en las tribunas se paró y comenzó a aplaudir como hacían los jugadores, mirando al cielo.

Yo aplaudía muy fuerte como queriendo que los astronautas me escucharan…

El partido continuó y Reveco logró el gol de la victoria de Maipú por 1 a 0.

El nuevo léxico que aprendimos en esos días contemplaba: el alunizaje, órbita terrestre, superficie selenita, Mar de la Tranquilidad, módulo lunar…

Luego en mi casa escuchamos que Armstrong pisó la Luna a las 22.56 y dijo: “Este es un pequeño paso para un hombre, pero un gigantesco paso para la humanidad”. Veinte minutos después se le unía Aldrin en la caminata lunar.

El argentino Enrique Febbraro, doctor en filosofía y profesor de historia, tuvo la iniciativa de proponer que se instaurara el Día del Amigo cada 20 de julio. En 1969 se encargó de mandar 1.000 cartas a destinatarios de 100 países para difundir su idea. Pero recién a  partir de la iniciativa de Febbraro, en 1979 el gobierno de la provincia de Buenos Aires oficializó el Decreto 235 que estableció: “Auspíciase la celebración del Día Internacional del Amigo a realizarse el día 20 de julio de cada año”.

En algunos países se celebra como en Argentina cada 20 de julio el Día del Amigo, pero en la Cruzada Mundial de la amistad, que se instauró en Paraguay en 1958,​ se celebra cada 30 de julio bajo la denominación de Día de la Amistad.

Para el niño de 12 años quedó el momento imborrable como el día que el hombre llegó a la Luna, la inocencia no permitía ningún planteo en la Carrera del Espacio que mantenían Estados Unidos y la Unión Soviética. No era una película de ciencia ficción ni un relato fantástico. Sólo aplaudió y miró al cielo celeste.