Desde que sacudió la tristísima e incomprensible noticia, algunas sensaciones volvieron a repetirse. En Neuquén, un policía asesinaba, con un disparo a quemarropa de gas lacrimógeno, a un maestro que luchaba por mejorar sus condiciones laborales. A un maestro, a un futbolista, volvió a retumbar en quienes no olvidan.

    Tan increíble como que los que deben proteger terminan asesinando o cortando sueños de cuajo. Previo a la nota con Carlos Azcurra, se habló de estas sensaciones y de las que él volvió a sentir, luego de que, en el 2005, un cabo de la Policía de Mendoza le interrumpiera su carrera profesional al balearlo en un partido por la Primera B Nacional entre San Martín y Godoy Cruz.

¿Qué te ha generado todo lo que ha sucedido con Fuentealba, el docente asesinado en Neuquén?
    La verdad es que fue muy fuerte para mí, porque me trajo muchos recuerdos. El perdió la vida y yo estoy vivo. Es complicado explicarlo pero sentí sensaciones de impotencia y rechazo.

¿Creés que el gobernador de Neuquén, Jorge Sobich, debería renunciar?
    Sinceramente, a veces lo que está mal no sé si son los gobernadores. Por ahí, la responsable es la gente que está a cargo de las policías. Creo que hay que caer sobre quienes están a cargo de la fuerza y no sobre un gobernador. Igualmente, no conozco en profundidad todo lo sucedido en Neuquén, pero lo que puedo decir es que los responsables son los encargados de la policía y de la enseñanza que le dan. Hay que medir esas cosas. A la Policía de Mendoza, no sé la de Neuquén, hay que capacitarla para trabajar en espectáculos, porque creo que no están preparados para hacerlo en espectáculos grandes.

Si hoy viniera el cabo Marcial Maldonado y te pidiera perdón, ¿qué harías? ¿Podrías perdonar?
    Hasta hoy no aparecieron nunca ni creo que aparezcan. Y ya no pienso en eso. En su momento me lo podría haber planteado. Pero si no aparecieron cuando todo sucedió, menos va a ocurrir ahora.

¿Cómo está tu caso hoy? ¿El Estado te ha dado una respuesta?
     Sé que todo está en juicio, con un tema penal que se tiene que resolver.

Espiritualmente, me parece que te has sabido levantar. ¿Te lo han dicho?
    Sí, me lo dicen muchos. Por ahí me cruzo con personas que no me vieron nunca y me felicitan por la fuerza que he demostrado.

¿Creés en Dios?
    Sí, absolutamente.

¿Y cuánto a influido en todo esto?
    Muchísimo. Creo que uno tiene que tener una creencia y aferrarse a eso. Y yo creo en Dios.

¿Qué te gustaría para tu futuro?
    Cuando jugaba al fútbol, por ahí tenía los objetivos claros, pero ahora el futuro es incierto, aunque estoy tranquilo acá, en Algarrobal, siendo director técnico de un club que me vio nacer.

¿A quién querés agradecer?
     A mi familia y amigos, principalmente. En el fútbol también conocí a personas increíbles, como Horacio Bongiavani u Oscar Cachín Blanco, un tipo al que aprecio profundamente. A Blas Giunta o al Turco Sergio Marchi les agradezco su amistad y apoyo.