En Potrerillos, la leña cruje y el humo de las brasas anuncia que el almuerzo está en marcha. Son las 16 y Juan Carlos Falcón, exfutbolista profesional, se toma un momento para hablar. La carne ya está casi lista. Afuera, el paisaje cordillerano de Mendoza enmarca la postal. El verde, el agua y el silencio reemplazaron hace tiempo los gritos de gol, las concentraciones y los entrenamientos. Hoy, su vida es otra.
Juan Carlos Falcón fue campeón del Torneo Clausura 1998 con Vélez Sarsfield, en un equipo conducido por Marcelo Bielsa. También vistió las camisetas de Racing, Colón de Santa Fe, Defensa y Justicia, Godoy Cruz y algunos equipos del exterior. Su retiro fue en 2014, con la camiseta de Douglas Haig, tras una carrera de 16 años en el fútbol profesional.

Pero Falcón no esperó al retiro para buscar un cambio. Años antes, había comprado un terreno baldío en Potrerillos con una idea clara: construir un futuro diferente, más cerca de la naturaleza y más lejos del ruido de las ciudades.
“No me costó dejar el fútbol. Fue una decisión que elegí. Tenía ganas de seguir jugando, sí, pero también sabía que era el momento de pensar en otra cosa. Cuando compré el lote, se me ocurrió aprovechar el turismo. Me mudé a Mendoza para empezar de nuevo”, contó en diálogo con el diario La Nación.
De la pelota al turismo: un proyecto familiar entre montañas
El terreno que Falcón compró, ubicado a pocos metros del dique de Potrerillos, estaba completamente pelado. Sin infraestructura ni servicios. Con paciencia y una inversión sostenida, lo transformó en un emprendimiento turístico: Cabañas Falcón, un complejo atendido por él mismo y su esposa Jorgelina.
“La gente viene a disfrutar. A quienes llegan les damos una atención especial. Nosotros los recibimos, los acompañamos, los hacemos sentir parte del lugar”, explica Falcón, que sigue al frente de cada detalle: desde encender el fuego hasta cargar leña o reparar instalaciones.
El contacto con el turista es diario. Muchos llegan desde distintas provincias de Argentina; otros, cruzan desde Chile. Falcón habla con todos, recomienda paseos y escucha historias. Dice que disfruta ese ida y vuelta humano, que lo mantiene activo, curioso y conectado con la realidad.
Pero no todo fue sencillo. Levantar el emprendimiento implicó trabajo físico, decisiones financieras y aprender oficios que antes le eran ajenos. “Acá hay que agarrar la pala, la carretilla, y aprender. Lo busqué. Lo logré. Y con el dinero te vas acomodando. Hay momentos buenos y otros más difíciles. Pero esto es lo que elegí”, reflexiona.
Bielsa, Bianchi y el recuerdo del clásico
Falcón se formó en el club Eclipse de General Villegas, su ciudad natal. Llegó a Vélez en 1996 y, ya en 1998, debutó en Primera División, primero bajo la tutela de Carlos Bianchi, y luego con Marcelo Bielsa como técnico principal.
“Bielsa te observa, te mide, ve si soportás la presión. Él fue el que me marcó el camino del alto rendimiento. Exigía mucho, pero te hacía crecer”, señala sobre el actual director técnico de la selección de Uruguay.
Luego llegaron los años en Racing. Allí vivió uno de sus momentos más emotivos: su primer gol en Primera División, nada menos que en un clásico frente a Independiente, en 2005. También tuvo pasos por el fútbol mexicano y una etapa en Godoy Cruz, que, según él, fue determinante para su vínculo con Mendoza.
Una decisión sin marcha atrás
“Disfruté ser futbolista. Me dio muchas cosas. Pero fue una etapa que pasó rápido. Hoy tengo otra vida. Trabajo, pero elijo mis tiempos. Tengo libertad. Eso es lo que busqué”, afirma.
No extraña el fútbol profesional. Y no se ve regresando al ambiente. “No tengo la necesidad de buscar el dinero. Busco tranquilidad. No voy a estar golpeando puertas en el fútbol para pedir trabajo. No lo comprendo. A veces ni siquiera conseguís nada”, dice con tono firme.
Falcón no esconde que el cambio de vida también implicó un cambio económico. “No es lo mismo. En el fútbol llueve plata, acá no. Pero cuando sos más grande, buscás lo que realmente necesitás. La calidad de vida se vuelve lo más importante”.
Un nuevo capítulo, lejos del ruido
El exjugador vive sin estridencias, sin cámaras ni medios. Solo con lo necesario. “Con lo que tengo me alcanza. Antes podía con todo con el sueldo de futbolista, ahora se hace lo que se puede con otros proyectos”, reconoce.
Afuera, el fuego sigue encendido. Las cabañas aguardan nuevos huéspedes. Juan Carlos Falcón termina de preparar el almuerzo con una sonrisa serena. Ya no corre tras la pelota. Pero corre de un lado al otro del complejo, pendiente de cada detalle.
Y si algo dejó en claro en su diálogo con La Nación, es que su lugar en el mundo ya no está en una cancha, sino entre los cerros, el dique y la tranquilidad de Potrerillos, donde eligió construir, piedra sobre piedra, su nueva vida.
Fuente: entrevista original publicada por el diario La Nación.
