A veces pienso, qué difícil es escribir sobre algunos lugares. Si sos una persona que ama la cocina como yo, que su programa favorito es salir a comer y cada vez que puede lo hace realidad, es probable que hayas ido a muuuuuchos restaurantes a lo largo de tu vida. O a los mismos mil veces. Yo, desde que era chica, siempre adoré salir a comer. Y como buena hija de familia grande, eso no era algo habitual, era algo que se hacía en ocasiones especiales. Y eso le otorgaba más magia aún a ese programa tan añorado por mi panza y paladar. Ir a comer afuera. Los recuerdos de vestirse, perfumarse y salir para el lugar escogido. El ritual de mirar la carta durante largos minutos, escuchar lo que cada uno iba a ordenar. Las cartas de antes eran eternas, y si eras niño, ¡era como un libro entero! Yo la estudiaba de punta a punta, pensaba estratégicamente qué ordenaría cada uno de mis cuatro hermanos y finalmente, decidía, frente a la mirada impaciente del mozo.  Yo, llevaba la comanda en la mente, sabía todo lo que iba a probar en ese festín. Lo mío y lo de los demás.

Desde que tengo uso de razón, adoro la gastronomía. Y otra vez me fui por las ramas. Pero todo esto, es solamente para poder expresar que cuando salís mucho es difícil enamorarte de un restaurante. Hay tanto en la memoria y en el paladar mental que se complica. Pero el amor, poco entiende de oferta y demanda. Entiende de sensaciones. Entiende de cuando la panza te cosquillea o algo te da escalofríos. El amor no distingue, se entrega. Late.

Hay lugares y personas que tienen eso único: nos hacen latir. Tal vez la persona que nos acelera el corazón no es perfecta, ni la más buena del mundo. Pero nos moviliza y nos hace sentir vivos. Y eso, me pasa en este lugar.

Es curioso, lo encontré de casualidad. Sin buscarlo, como se debe buscar un diamante. Como se debe buscar el amor. Y así llegué, por azar de la vida. Y siempre pensé que hay una belleza que detiene, que da paz. Y eso, tiene Chimpay, el brillante que se esconde en el Huentala Hotel. Es tan lindo que paraliza. Sólo dos mentes como las de Sergio Roggerone y Marina Ferrary Day podrían haber ambientado un lugar así. Es real, es hermosamente bello y está oculto en pleno centro de nuestra ciudad. Por eso asombra de sobremanera, porque hay mucha gente que no sabe de su existencia y porque nos hace sentir en Europa, pero a precios lógicos. Y aún oculto, el diamante está, no necesita que nadie lo mire, él solamente brilla.

Desde la primera vez que fui hasta esta semana ha cambiado, su carta y ha evolucionado mucho. Juan Calós, su chef, tiene un estilo joven y súper curioso, y eso se transmite en el menú de primavera.

Llegamos a degustar la propuesta de esta estación y es exquisita. Chimpay Bistró es mucho más que un restaurante de hotel.  Es un un lugar ideal para celebraciones, para cenas y almuerzos. Para viajar con la mente y estar en pleno centro de Mendoza. Trabaja con carta y menú ejecutivo durante la semana al mediodía. 

Juan Calós, el chef de Chimpay Bistró, fue egresado de colegio de cocina Gato Dumas en 2001 con 19 años y luego de pasar seis temporadas a cargo del restaurante Casimiro en Mar del Plata, arribó a Mendoza apadrinado por Miguel Brascó. Luego de trabajar como cocinero un año en Bistro M del Park Hyatt, desembarco como Chef Ejecutivo del Huentala Hotel cargo que ocupa desde hace 8 años.

Lo sometimos a nuestro cuestionario y estas son sus respuestas:

La mejor rotisería de Mendoza es: Don Coco, funciona como tal.

Un vino para sodear en ojotas en verano: Sodear ninguno pero el Zorzal pinot noir es mi preferido para tomar bien frio

Un vino para enamorar sería: Luna, de finca La Anita

El mejor delivery de Mendoza: Mr. Elliot

El mejor lugar para tomarse un café: por lejos los cafés de Hugo Trobatto, el barista del Hotel Huentala.

Momento de gula rima con: Mi Vida

Lo mejor que comí en mi vida: Lasaña de Elena, mi abuela

Lo peor: por suerte mi subconsciente elimina recuerdos malos, no lo se.

Los lomos son de El Alba y El Papito y no se hable más. 

¿Qué vino pido en un bar/ restaurante si tengo $100/$150? Azul Malbec

Lo que mejor cocino es: Lasaña (por que será?? Je)

Te quito el saludo si le ponés a la comida… colorantes artificiales!! (igual te saludaría, ¡pero no te abrazo!)

Lo mejor que uno puede hacer con un vino malo es pintar con sus hijas

El mejor personaje con el que compartí un vino: Santaolalla, Fer Barrientos y sobre todo Tilin Orozco, fue el culpable de mi devoción por el vino.

Soy capaz de hacer 60 km para comer en Vittorio Ristorante en San Martín, es excelente!

El producto mendocino por excelencia es: la uva en todas sus formas