La tendencia prevista mantiene su curso ascendente y el calor de la superficie marina en el Pacífico sigue aumentando. De acuerdo con el último informe de la Organización Meteorológica Mundial de Naciones Unidas (OMM), El Niño ya alcanzó “una intensidad sin precedentes”. En otras palabras, en las cuatro décadas durante las cuales se monitoreó este fenómeno, nunca se había observado algo similar.

¿Pero qué cambió? Básicamente, la temperatura. Según el Global Seasonal Climate Update para el trimestre noviembre-diciembre-enero, la temperatura del agua en la región de monitoreo de El Niño podría superar en promedio los 3,8 °C, de acuerdo con el organismo, en el pico de este calentamiento, que se alcanzará hacia fin de año. Sus efectos se extenderán durante varios meses de 2027.

Los episodios anteriores de El Niño asociados con anomalías cercanas a los 3°C provocaron “impactos muy sustanciales en todo el mundo”, pero “estamos más allá de ese límite, fuera de nuestros registros, fuera de nuestras estadísticas sobre lo que podemos esperar”, subrayó Celeste Saulo, meteoróloga argentina y secretaria general de la OMM, durante una conferencia de prensa realizada ayer. Según los modelos predictivos, esta intensidad comenzará a disminuir durante enero.

Las consecuencias son múltiples. Si hace algunos meses se hablaba de riesgos potenciales, hoy ya existen manifestaciones concretas de sus efectos. Estados Unidos registró su verano más caluroso desde que existen registros y en Brasil se reportaron incendios en la Amazonia asociados a El Niño, una de las regiones más húmedas del planeta.

En la Argentina, el monitoreo se concentra especialmente en el noreste del país y en el Litoral debido a las inundaciones que ya afectan diferentes zonas próximas a los ríos Uruguay y Paraná. Las represas de Itaipú y Yacyretá abrieron sus compuertas para aliviar la presión generada por caudales que superan en más del 50% los niveles habituales.

Recordemos en este punto que intensidad en el evento de El Niño no significa tormentas o sequías más agudas. No es una relación proporcional. Lo que sí quiere decir es que hay mayor probabilidad de eventos extremos.

“Ya estamos siendo testigos de fenómenos meteorológicos extremos y esperamos que se multipliquen y se propaguen en cascada a medida que se intensifique El Niño”, señaló Saulo. En distintas partes del mundo, estos efectos ya están modificando los patrones de lluvias y provocando pérdidas económicas, daños materiales y víctimas fatales.

Financiamiento anunciado por Naciones Unidas

Durante la misma conferencia de prensa, Tom Fletcher, secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios y coordinador del Socorro de Emergencia de las Naciones Unidas, anunció que el organismo habilitará líneas de financiamiento para varios países considerados especialmente vulnerables.

“Las próximas dos semanas serán críticas para evitar un agravamiento de la crisis humanitaria vinculada a El Niño”, afirmó Fletcher, y añadió que “Somalia, Etiopía y Kenia necesitan urgentemente financiación y suministros de emergencia antes de que lleguen las lluvias intensas”.

Indicó además que, en el sur de África, la prioridad es distribuir semillas y proteger el ganado, mientras que Centroamérica requiere asistencia inmediata para resguardar medios de vida. En Asia y el Pacífico, en tanto, los países deben prepararse para una sucesión de eventos extremos, incluidas sequías, inundaciones y ciclones.

Fletcher anunció además que ya se asignaron más de US$50 millones del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia para asistir a 11 países de primera línea, entre ellos Chad, El Salvador, Etiopía, Somalia y Sudán del Sur. También mencionó intervenciones en el norte de Chile, Madagascar, Nigeria y Yemen.