Así empieza una conocida canción brasileña de Vinicius de Moraes. Es fácil de entender, La tristeza no tiene fin, la felicidad, sí. Y se refiere a la sensación de cuando se termina la época de carnaval. En Argentina, y dentro de nuestro país en algunos lugares más que en otros, se les da importancia a estos festejos, pero en Brasil son casi esenciales. Mucho tiempo de preparación, organización de comparsas, brillos, ritmo, música, ensayos, bailes, sueños de ser otro, de ser otra, de jugar por unos días y que la fantasía ocupe todo el espacio de la vida cotidiana. De pronto, después de haber alcanzado el punto más alto, culmina, se acaba. Lo dice con la frase Pra tudo se acabar na quarta-feira, la quarta feria es el cuarto día de la semana, el miércoles, en esta ocasión, el miércoles de ceniza, el comienzo de la Cuaresma que se termina en Pascua. La idea de un período de reflexión, más introspectivo, opuesto a ese juego de luces, disfraces y excesos.
Más allá del carnaval, de los sitios donde se festeja más o menos, hay algo en la espera de un evento muy deseado que, cuando se cumple, cuando se llega a ese momento tan esperado, cuando ese anhelo por fin es real, muchas veces queda una sensación de vacío, casi de desasosiego, una especie de agujero en el pecho. Personalmente nunca me llamó mucho la atención el corso, jugar con espuma ni disfrazarme, pero la sensación, ésa sí la puedo comprender porque no es privativa solo del carnaval. Organizar un cumpleaños de quince, un casamiento, días ocupados eligiendo catering, cotillón, fotos para el video tierno donde los protagonistas se ven desde chiquitos en situaciones memorables, las personas que acompañaron esos años, la modista, el número o los nombres en un inflable de un color metalizado, las bengalas con las que se hace el ingreso a la fiesta…y de pronto, ¡zas! Se acabó, todo eso que llevó tanta organización, tanto detalle, ya quedó en el pasado.
Recibirse, terminar una carrera puede ser demoledor, sobre todo si la estudiante, el estudiante no tenían una actividad simultánea, un trabajo de medio tiempo, por ejemplo. Dar la última materia, disfrutar de los saludos, los abrazos, los regalos, la espera de los familiares y amigos y la catarata de serpentinas, pintura, huevos o lo que se estile en cada universidad, todo eso junto con una carga de adrenalina tremenda, de pronto, se acaba, ya está, ya llegaste. Al otro día habrá dolor de cuerpo, mezclado con un regocijo recién estrenado y a los dos o tres días queda una sensación de ¿qué hacía cuando no estaba estudiando? ¿Qué deseaba hacer cuando no podía porque tenía que estudiar para un final?
El final del finde largo de carnaval también deja la sensación de que empieza el año “en serio”. Ya aparecen las vidrieras con el cartel “De vuelta al cole”, chicos se preparan para rendir las materias adeudadas, hay colas en las oficinas o en los bancos para ponerse en orden con los impuestos. En esa situación estaba, en la puerta de la oficina de Rentas para retirar un formulario. Abrían 8:30, pero varios habíamos llegado antes, para que nos atendieran al abrir, se había formado una cola. Un hombre detrás de mí hablaba por teléfono con alguien que se enojaba porque tardaban mucho en atenderlo en el lugar en que esperaba: “¡No te enojes con el de Seguridad! Él no tiene la culpa, tenés que esperar que aparezca tu nombre en la pantalla, el tablero es la frontera, ahí ya no decide nadie” No sé qué respondieron del otro lado pero mi compañero de espera reforzó su idea: “No es Anses, no es el banco, es la tecnología. ¿A quién le gusta esperar? A nadie le gusta esperar.” Y nosotros seguíamos ahí.
Sea como sea, los días siguen corriendo, ya estamos en la segunda mitad de febrero, ya empezamos a revisar el almanaque para buscar los feriados – Patrón Santiago cae sábado-, para imaginar días venideros, visualizarlos, para armar planes y escapaditas.
Quizá la “quarta feria” además de mostrar el final de la fiesta de carnaval, también nos pone de cara a un nuevo comienzo.
Se acerca la hora de que abra la oficina de Rentas, mi compañero de fila dice fuerte: “En un minuto ya abren ¡Estamos como en Navidad o Año Nuevo, esperando el minuto mirando Crónica!”
Demos la bienvenida al nuevo año de actividad plena. Y ojalá que la tristeza tenga fin.
