Los hongos son maravilosos y muy utilizados en la gastronomía. Crecen a la sombra de los árboles y necesitan ambientes húmedos. En nuestra provincia son famosos los de Potrerillos y en muchos países del mundo se les rinde culto en la gastronomía.
Se pueden consumir frescos, crudos, cocidos o disecados.
Las variedades que más consumimos en nuestro país son los Champignones de Paris, los Portobellos, Los hongos de pino o callampas y a veces se pueden ver Gírgolas o morillas en el sur.
En cuanto a niveles nutricionales son muy recomendados y buscados por su bajo contenido calórico, se calcula que en 100 gr hay 22 calorías. O sea, casi nada. Además por su sabor “cárnico” son muy apreciados en la cocina vegetariana y vegana como reemplazo.
De forma natural, es un alimento bajo en sodio y rico especialmente en potasio y fósforo, dos minerales que cumplen un papel importante en la regulación del metabolismo, en la contracción muscular, el equilibrio de líquidos en las células, etcétera. En cuanto a su contenido en vitaminas, las más abundantes son el ácido fólico, la vitamina C y la niacina.
Los hongos frescos son caros y delicados, por eso si decidimos usarlos debemos tomar algunos pequeños recaudos.
¿Cómo limpiarlos?
Acá es donde aparece uno de los primeros interrogantes: ¿se lavan? ¿se cepillan? La realidad es que si lo lavamos los que haremos será llenarlos de agua y al cocinarse liberarán aguarán la comida y perderán el sabor, por lo tanto: ¿agua? No, ¡gracias! Con un paño húmedo es suficiente.
¿Cómo cocinarlos?
Al cocinarlos cortarlos en trozos medianos, ya que al tener tanto contenido de agua tienden a achicarse. Colocarlos en una sartén con aceite caliente y no mover. Tampoco salar hasta el momento de servir.
Un maravillosa opción es comerlos crudos, no pierden cuerpo y son exquisitos.
Vamos a la degustación:
Portobello fresco
Aroma: terroso, neutro, sutil.
Sabor: delicado, cárnico.
Textura: crujiente
Precio: $140 el kg.
¿Lo llevamos a casa?
Sí, bienvenida la variedad de sabores y texturas.
