Por lo general, en Argentina nunca se quiso hablar sobre la deuda externa, tal vez porque se creyó que era algo inmutable, como aceptar la Luna o el Sol, o tal vez porque era algo de fácil solución o un factor crónico necesario para un crecimiento económico o porque existía una corresponsabilidad de culpa, ya que nunca tuvo como objetivo la industrialización del país o el bienestar de la población. Pero, ahora, por el embargo de la fragata Libertad, salió a luz eso que no se quería mencionar pero sí tapar, y quedó confirmado que el gran incremento que tuvo nuestra deuda externa entre 1974 y 1982 no se utilizó para financiar acciones de desarrollo regional, pero sí para facilitar la timba financiera y la evasión de capitales.
Si el Gobierno constitucional hubiera adoptado las medidas jurídicas que correspondían, una gran parte de la deuda hubiera quedado invalidada. Si se hubiera evitado la evasión de capitales (hay varias formas de eliminarla por leyes impositivas) no seguiríamos subordinados a políticas económica foráneas. Además, si una deuda externa no se paga con recursos fiscales o con más endeudamiento, se debe hacer con otros medios, que producen gran deterioro en las asignaciones de recursos internos. Por eso hoy están disminuidos los importes jubilatorios, por lo tanto sería necesario un sistema fiscal más equitativo y que grave el capital financiero. Si bien hay sólo una realidad y muchas opiniones, hoy salió a luz que el real problema de la deuda externa es que es generadora de las condiciones de sometimiento económico, político y social del país.
