¿Cuánto pesa para cada persona el sexo dentro de una relación de pareja? Hay personas para las que es casi más importante que lo bien que puedan llevarse, hay personas para las que apenas tiene importancia y las hay que dirían aquello de “fifty-fifty”. Si una pareja está compuesta por dos miembros similares, ningún problema, pero ¿qué pasa cuando nuestro deseo sexual es mucho mayor que el de nuestra pareja?

¿Y si el deseo sexual de uno es mucho mayor que el del otro?

Hay algo que es necesario tener en claro: el sexo es bueno. Así de corto y preciso. El sexo es positivo para las relaciones, hasta el punto que sin él muchas parejas no seguirían juntas, con mucha probabilidad.

El problema viene cuando uno tiene más ganas que el otro y no es capaz de “convencerle” de lo bueno que es el sexo (bien, en realidad, tampoco tiene que intentarlo… uno no tiene que mantener relaciones sexuales porque considere que va a ser más feliz, va a adelgazar o porque es cardiosaludable, sino porque quiera hacerlo).

Uno quiere seducir a la pareja porque le apetece y la pareja le dice que ahora no, que no es buen momento, que tiene sueño, que le duele la cabeza… sucede cuando uno querría mantener relaciones varias veces a la semana, por ejemplo y a la otra persona le bastaría con una vez a la semana, o menos.

Esta discrepancia, que se conoce como SDD (Sexual Desire Discrepancy), suele darse cuando la pareja lleva ya un tiempo unida. Al principio, el deseo es tal que suele haber bastante sincronía. Cuesta decir no porque a los dos sienten “ganas” prácticamente siempre. A medida que pasa el tiempo y la relación madura, cambia, es ahí cuando el deseo sexual se puede llegar a desincronizar (hay parejas que siguen igual, hay parejas en que ambos reducen la frecuencia del deseo, y las hay que se desincronizan).

Los motivos son diversos: diferentes horarios de sueño, que uno esté más cansado que el otro por el tipo de trabajo que tiene o por el estilo de vida, problemas de salud o incluso problemas de pareja, que los dos no se lleven tan bien como antes.

Uno siente que no es correspondido, el otro que es acosado

Si la diferencia es muy evidente los dos empiezan a sentirse mal. Uno por tener que estar diciendo a menudo que no y el otro por recibir tantas veces un no por respuesta. El primero puede llegar a sentirse acosado y el otro no correspondido, incluso preguntando si aún hay amor, si aún le quiere, si aún le considera deseable, si es algo que ha hecho o ha dejado de hacer.

Según estudios realizados en esta materia, si se llega a este punto puede suceder que la relación acabe por romperse, por la insatisfacción y por la posibilidad de acabar encontrando fuera de la pareja lo que no se obtiene dentro.

Llegados a este punto lo ideal y lo recomendable, es hablarlo y tratar de afrontarlo, buscando las razones que hacen que uno tenga tanto deseo y el otro tan poco y tratando de poner remedio: hacer más actividades juntos, buscar actividades por separado que activen un poco al que tiene menos deseo (pilates, yoga, ejercicio, etc.) y “aplaque” un poco al que tiene más deseo (algún deporte de relativa intensidad) y, en definitiva, tratar de cambiar un poco los estilos de vida y volver a “sincronizarse” un poco vitalmente, en el día a día, un re-enamorarse para que luego eso se vea reflejado también en la cama, o fuera de ella.

Algunas actividades deportivas pueden ayudar para “aplacar” al miembro de la pareja que posee mayor carga de deseo sexual.

Quizás innovar un poco y huir de la monotonía sexual puede ayudar a que los encuentros sexuales aumenten un poco y todo vaya mejor.

Y una vez se mejore un poco, con más encuentros sexuales, los dos se sentirán mejor, serán más felices  y podrán entrar en ese círculo vicioso en el que al tener más relaciones se es más feliz y al ser más feliz se tienen más relaciones.