“¿Qué pasaría si entierro la Pelopincho?“, se preguntó un usuario en las redes sociales que mostró el proceso de darle un nuevo lugar a la pileta más popular de los argentinos.
En general, la Pelopincho se arma en el patio -algunos lo hacen en la vereda, pero esa ya es otra historia-. Se coloca una lona en el piso, se despliega el plástico y se disponen las patas en cada lugar. Cuando ya está arriba, se procede al llenado.
Pero sucede que este anónimo y no menos arriesgado usuario aseguró que un día “me levanté re loquito y me puse a cavar”.
Empieza cavando un pozo en el terreno, luego cubre la superficie de tierra con un nylon de color negro y tergopor. Posteriormente, suponemos que con algo más de trabajo, dispuso la pileta en ese espacio, incluso con los caños que le dan forma. Y la llenó.
Para que no quedará tan rústica, le colocó unas piedras y hasta unas piedras para que tuviera un poco más “de onda”.
