Los desfiles de alta costura se abrieron el pasado domingo en París con la llamativa propuesta de vestir a la mujer con bolsas de basura, planteada por la marca belga A.F. Vandevorst, en una jornada marcada por el debut de dos firmas estadounidenses.

El matrimonio de diseñadores Filip Arickx y An Vandevorst convirtieron las bolsas destinadas a meter los desechos en faldas con volantes, elegantes vestidos de noche, y tampoco se privaron de usarlas como velo. En su desfile, emplearon además bolsas de plástico de tintorería a modo de faldas tubo, así como pantalones ajustados en PVC.

“Se trata de la libertad absoluta y la creatividad, y de una mujer que vive con lo que lleva en su maleta, transformando lo viejo en algo nuevo”, explicó Vandevorst. Esa mujer “es tan creativa que el material no importa”, insistió.

Así, hasta un bolso de piel negro puede transformarse en sombrero, combinado con una bolsa negra de la tintorería.

De esra forma,  AF Vandevorst se inclinó esta vez por formas de princesa -aunque fuera de las basuras- pues el plástico dio forma a largos vestidos con volantes o tocados, en forma de velo.

Los diseñadores también introdujeron prendas más ochenteras, como minivestidos de lentejuelas o botas mosqueteras de tacón con purpurina en negro o amarillo.

Dos americanas en Paris

Por su parte, la cita más sofisticada del calendario de la moda, la Alta Costura de París, ha arrancado eclipsada por la participación de dos firmas invitadas, las estadounidenses Proenza Schouler y Rodarte, que se adelantaron a la pasarela neoyorquina para presentar sus líneas de primavera-verano.

Las dos americanos en París desertoras de la Fashion Week de Nueva York, las firmas estadounidenses de prêt-à-porter Rodarte y Proenza Schouler se estrenaron en París como “invitadas”, presentando colecciones que se acercaron a la alta costura y ensalzaron el trabajo artesanal.

Las propuestas prêt-à-porter de Lázaro Hernández y Jack McCollough, el dúo detrás de Proenza Schouler, que en un intento de transformar su estrategia de negocio decidió avanzar la muestra de su colección primavera-verano 2018 a julio, en lugar de septiembre dentro del calendario neoyorquino, como venían haciendo desde 2002.

Con este adelanto, la firma pretendió adelantar la llegada de sus colecciones a las tiendas para que puedan estar más tiempo en venta.

La marca, laureada por los críticos de la moda y protegida de la editora de Vogue USA, Anna Wintour, mantuvo su espíritu provocador, con líneas ligeramente andróginas en chaquetas cortas de amplios hombros y talles bajos en las faldas, pero marcando la sensualidad con aperturas en vestidos y vientres destapados.

En los colores, primó la combinación de blanco y negro, con un par de estilismos en un vibrante naranja que se coló también en los accesorios, especialmente carteras de mano y zapatos, y algunos toques de pastel, en lila o rosa palo.

Por su parte, Rodarte, marca de las hermanas Kate y Laura Mulleavy está más bien vinculada a California ya que su estilo, es adoptado por actrices y producciones hollywoodienses, donde suelen trabajar también en el diseño de vestuario-, también se sumó a la pasarela con una colección prêt-à-porter con aroma a Alta Costura.

Se trató de una línea de vestidos de ensueño en tonos pastel ricos en tul y transparencias, con las modelos luciendo además coronas y tocados de flores a modo de ninfas de los bosques, que tuvo como marco el claustro de Port Royal, al sur de la capital.

Los numerosos vuelos, lazos y flores, convertidos también en pulseras y chales, o plumas de colores para dar forma a un espectacular abrigo multicolor, ayudaron a crear una línea casi de fantasía, que promete seguir probando suerte entre los grandes diseñadores parisinos, al menos de momento.