Aun cuando la histeria ha sido identificada desde la antigüedad como una enfermedad femenina, creyendo que y era un problema propio del útero, no es exclusiva de la mujer, ¡muy por el contrario!
Al parecer, el sector de los hombres también padece la llamada “histeria masculina”. El miedo al compromiso, la inseguridad de lo que quieren, la insatisfacción permanente, son sólo algunas de las características que cada vez más definen a los hombres de hoy. “Se desviven por invitarte a salir, se muestran locos por vos, y cuando por fin accedés, salís un par de veces y luego se borran mal”, es el comentario de muchas mujeres con las que se topan este tipo de hombres.

Durante años, se creía que histeria era algo exclusivo de las mujeres sin tener en cuenta el alto número de hombres que también padecen la llamada “histeria masculina”.
Existe un grupo de hombres que exacerba la expansión social, la seducción como objetivo de la conquista (el típico “Don Juan”) y una fuerte tendencia a huir una vez logrado su propósito, dejando en el oído de las damas la clásica frase: “Yo no te prometí nada”. Es la histeria masculina o estilo histriónico de la personalidad.

¿Cómo reconocerlos?
Humor cambiante, caprichos, celos, necesidad permanente de ser el centro de atención, frivolidad, “labia” atractiva, insinuante, un cuerpo que “atrapa” la mirada de los otros, poca disposición a la reflexión, facilidad para amoldarse a los demás para obtener el cuidado, son todas características de los hombres histéricos.
“El hombre histérico goza seduciendo a las mujeres, pero cuando hay riesgo de compromiso se borra. Al principio es un hombre fogoso, pero con el tiempo se apaga, se reprime y huye del compromiso. Esto también daña la autoestima femenina”, explica la psicoanalista Mónica Cruppi, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
Con frecuencia creen tener “dones” o “capacidades especiales” (inteligencia, creatividad, altruismo, etc.) que las personas “no suelen ver en ellos” y únicamente se fijan en lo que su cuerpo sugiere.

Esta nueva modalidad de hombres cada vez más histéricos tiene que ver, desde lo psicológico, con una falla en la estructuración de su masculinidad, factor que se produce por su “conflictiva familiar”. “El histérico es emocionalmente inmaduro, dramatiza todo el tiempo, tiene una actitud histriónica, atrapa al otro dentro de su trama, siempre que el otro se enganche”, señala Cruppi.
En el área emocional creen brindar mucho amor, cuando en realidad hacen una exhibición “teatral” de los afectos. Una entrega y prodigalidad de la que esperan ser correspondidos con creces, aunque las parejas nunca logran saciar sus demandas, siempre insatisfechas.
La vida sexual de los histéricos
Para el histérico, lo fundamental es seducir y para lograr este fin, ¡todo vale!.Todo menos tener una relación presente, sincera y profunda. Seducir viene del latín seducere: engañar con arte y maña. Desde ese lugar de fascinación e hipnosis se instala la seducción.
En el área sexual se observan un sinnúmero de conductas conflictivas que favorecen la aparición de disfunciones sexuales: preocupación por el rendimiento sexual, torpeza para el juego previo, actitud “pasiva”, escaso registro de sus sensaciones eróticas, etc.
No están a la altura de lo que prometen. “Mucho ruido, pocas nueces”, “me prometió un manjar y me hizo comer migajas”, dirán las damas decepcionadas.

No hay histeria sin cuerpo. El cuerpo ocupa un lugar privilegiado en la manifestación del estilo de personalidad. Resulta paradójico que tanta movilización corporal sólo sea una fachada preparada inconscientemente para los demás, una especie de “pantalla” en la que se proyecta un mundo ilusorio que capta la atención y el afecto ajeno.
La fragilidad del mecanismo es tal que ante mínimos fracasos la “pantalla” se quiebra y queda al descubierto la inseguridad encubierta. Tanta muestra corpórea “para afuera” merecería un contrapeso, un anclaje interno, que, en caso de existir, “sanaría” la conducta.
Los hombres histéricos son dependientes: necesitan imperiosamente de los otros, seducen a “todas y todos”, son irresponsables en el compromiso, se aburren fácilmente y son impredecibles en sus emociones.
Muchas mujeres ahorrarían mucho tiempo y angustias si pudieran identificar de antemano a esta clase de hombres, ya que como señalan los especialistas, estos hombres se caracterizan por su necesidad de actuar detrás de una máscara, por lo que sólo se logra conocer al personaje que encarna.

Así es que cuando se comienza a conocer a alguien y algo “no cierra” respecto a su forma de actuar, muchas veces, es justamente por esta máscara, la de la histeria. “El simulacro es el motor interno de cada uno de los actos de su vida: actuar de acuerdo con la imagen internalizada que esa persona tiene de sí misma en relación con su pareja o una posible conquista. Siempre trata de mostrar la imagen de lo que cree que se espera de él. Hace lo que sea para impactar al otro en lo emocional e intelectual”.
