Muchos atletas de élite realizan prácticas en altitud, en busca de un aumento en la cantidad de sus glóbulos rojos que mejore su rendimiento.

Entrenar en altitud tiene en teoría un beneficio evidente en el rendimiento de los fondistas. A mayor altura, el aire contiene menos oxígeno, el metabolismo humano como sistema de autodefensa, aumenta la cantidad de glóbulos rojos en la sangre. El cuerpo humano “crea” más transportadores de oxígeno (glóbulos rojos), para que el músculo pueda alimentarse del mismo modo que a nivel del mar.

Entrenando en altitud, notaremos un mayor desgaste muscular y la sensación de mayor fatiga ante un mismo esfuerzo, que a nivel del mar nos cuesta menos llevar a cabo. Hay atletas, que luego de haberse concentrado en altura, terminaron descartando el repetir la experiencia porque una vez en llano, no rindieron en las competiciones para las que se preparaban como ellos esperaban, la altitud los había desgastado en exceso.

 

Hay deportistas que aprovechan sus vacaciones para realizar concentraciones en altitud. Si tenés en mente combinar vacaciones y entrenamiento en plena naturaleza, te damos estas pautas:

Cinco semanas: es un tiempo prudencial para concentrarse en altitud. En ese espacio podés adaptarte perfectamente a la altitud y notar un beneficio en competición cuando bajés a nivel del mar.

Existe la tendencia, entre los atletas de élite, a entrenar suave “arriba” y perder altura cuando van a realizar las sesiones más intensas. Así se castiga menos al organismo.

La primera semana: debe ser suave, de adaptación, sin ritmos intensos ni largos kilómetros, sencillamente rodá suave para ir adaptando a tu cuerpo a vivir en el nuevo medio.

Si te concentras en altitud, te recomendamos que lo hagás a una altura mínima de 1.800 metros y máxima de 2.500. En altitud posiblemente notarás, que tenés más hambre, tu cuerpo se desgasta más y necesita más combustible.

Que tengas éxito y recordá: hacerle caso a las señales que te da tu cuerpo, él te conoce más que nadie.