El frío es un factor mortal para toda nuestra piel, la de las manos y rostro sufre especialmente, ya que es la que queda más expuesta. Por lo general, dejamos las manos muy abandonadas, lo cual es craso error. Son sometidas a extremas temperaturas, detergentes y descuidos.

Es importante saber que la zona de las manos tiene una piel muy delgada y sensible, por eso, se debe brindar los cuidados necesarios, que son los mismos que se aplican en la cara, cuello o en el escote.

Paralelamente, las manos son delatoras del paso del tiempo. Por ser una piel muy fina y de fácil deshidratación, las arrugas se hacen presentes en forma temprana. A esto se suma la incidencia de la radiación ultravioleta por estar muy expuestas.

Con estos sencillos consejos podrás cuidar de esta parte tan importante de tu cuerpo.

Hidratación constante

El objetivo principal de la hidratación de las manos es, curiosamente, proteger el cuerpo del propio sistema integrado de humectación. La capa externa de la piel contiene una colección de compuestos al cual los médicos se refieren como el “factor natural de hidratación” (NMF por sus siglas en inglés). Los componentes de la NMF en realidad absorben la humedad de la atmósfera para mantener la piel flexible, incluso cuando está expuesta a las inclemencias.

¿La mala noticia? El NMF es soluble en agua. Es decir, cuanto más te laves las manos, (táctica invernal común para evitar las enfermedades) más quitarás la defensa natural del cuerpo contra la sequedad.

El factor número uno que contribuye a secar las manos es el agua y jabón, especialmente el agua caliente. Uno de los problemas que tienen los médicos y enfermeras, por ejemplo, es la resequedad de sus manos por la cantidad de veces que deben lavárselas con alcoholes y desinfectantes. Para el común de la gente, también lavarse a menudo con desinfectantes antibacterianos que contienen alcohol pueden secar las manos. Son especialmente duros y resecadores por lo cual es mejor evitarlos. De hecho, incluso con jabón, con el que pueden perder cerca del 25 por ciento de su humedad natural con cada enjuague. Para renovar la flexibilidad de la piel, utiliza un jabón de leche, libre de sulfato en su lugar. Asegúrate de mantener una hidratación constante con una loción rica en vaselina.

Minimizar el contacto con agua y jabón puede ayudarte a conservar la humedad de las manos ,y la hidratación de inmediato después del lavado es crucial .

También es esencial evitar ciertos productos. Los desinfectantes para manos que contienen alcohol son especialmente resecadores y sólo deberían utilizarse en caso de necesidad, por ejemplo, si sales a comer, tienes las manos sucias y no puedes llegar a un baño para lavarte con agua y jabón.

Debido a la piel delgada de las manos, ellas sufren el peso del clima invernal más que cualquier otra parte del cuerpo.

Hacer las cutículas más suaves

Es importante que cuides constantemente de tus uñas, no necesariamente con largas rutinas de trabajo en ellas. Con unos pocos momentos que les dediques bastará.

Deshazte de los molestos padrastros dándote masajes con una crema a base de aceite por la mañana y por la noche, para reparar los daños causados por la deshidratación. Para emparejar las cutículas, déjalas remojando un par de minutos en agua tibia y luego empújalas suavemente hacia atrás con un palito, una vez a la semana, una buena idea es agregar aromas al agua, para que te queden las manos suaves, hidratadas y con aroma. Quita los residuos difíciles con un alicate pequeño.

Aumentar la fuerza de uñas

Uno de los dolores más desagradables que se pueden sentir es que se nos doble o quiebre una uña, porque aunque se burlen cada vez que nos pasa, no hay persona que no contraiga su rostro cada vez que sucede. Lo que puedes hacer es evitar esmaltes que contengan tolueno,formaldehído y ftalato de dibutilo, porque debilitan las uñas. Y tomar un descanso de los esmaltes de uña por lo menos una semana al mes. Esas pinturas que no se saltan y que usan en los salones de belleza parecen increíbles, pero la verdad es que sofocan las uñas. Así, si descansas tus uñas de vez en cuando, puedes restaurar la humedad y mantener tus uñas sanas. Otra opción es aplicarte esmaltes que tengan calcio y fortalecedores, que además funcionan como primeras capas o simples brillos.

Empareja tu tono de piel

La piel de las manos es sensible y se ve expuesta constantemente a agentes dañinos para ella. Desde el sol a los detergentes comunes van deteriorando su aspecto, los años de exposición al sol pueden causar manchas cafés en las manos. Para evitarlas, debes aplicarte protector solar con un SPF 30 diariamente. Si ya puedes ver los daños, cada dos días aplica un producto exfoliante con ácido glicólico para tener manos suaves y sin defectos a ninguna hora. En invierno los rayos del sol también afectan tu piel, aunque sean mucho más leves que en verano, por lo que no debes dejar el hábito de cuidarte con protector solar.

Si eres de esas que a pesar de tener mala circulación sanguínea y vivir con las manos rojas o moradas en invierno, jamás usas guantes, es mejor que vayas olvidándote de ese mal hábito.Cuidar de tus manos más que una obligación, es una necesidad. Si no te gusta sentir las manos apretadas, existen guantes sin dedos para que se te facilite escribir, comer y encontrar las cosas en tu cartera.

¡A usar guantes!

Antes de salir “al frío”, prepara tus manos antes de la exposición a la que estarán. Debido a que la piel de las manos es delgada, ellas sufren el clima invernal más que cualquier otra parte del cuerpo. Asegúrate de usar guantes cuando salgas al aire libre.

Asimismo, emplear guantes de goma cuando laves los platos o realices otra tarea relacionada con agua, tiene mucho que ver al preservar las manos, sobre todo en invierno. El uso de un par de guantes blancos de algodón debajo de los de goma puede ayudarte a proteger la piel de los efectos de secado de la humedad y el sudor que se produce cuando se utilizan.