Sam Jones, una influencer estadounidense que se describe como “bióloga de vida silvestre y científica ambiental”, ha provocado una ola de indignación en Australia y a nivel mundial tras la difusión de un video en el que se le ve capturando una cría de wómbat salvaje, un marsupial autóctono australiano. El incidente ha generado un intenso debate sobre la ética de la interacción con la fauna silvestre y la responsabilidad de los creadores de contenido.

El incidente tuvo lugar en una carretera australiana, donde Jones, durante la noche, se detuvo para acercarse a una cría de wómbat que se encontraba junto a su madre al borde del camino. En el video, que rápidamente se viralizó en redes sociales, se observa cómo Jones ‘roba’ al animal y, con entusiasmo, lo lleva corriendo hacia su vehículo para mostrarlo ante la cámara. ‘¡He atrapado un bebé wómbat!’, exclama Jones, mientras sostiene al animal en sus brazos. Los gruñidos y gritos de molestia del wómbat se intensifican, mientras su madre observa la escena desde la distancia.

Ante la angustia de la madre del wómbat, Jones decide liberar a la cría. ‘Mamá está aquí. Está enfadada. Vamos a soltarlo’, comenta en el video.

Sin embargo, ya era demasiado tarde. A las pocas horas, las redes sociales se inundaron de comentarios negativos hacia Sam Jones, a la que piden su “expulsión inmediata” del país. “Eres una turista. Al actuar de esta forma nos has faltado completamente al respeto como australianos y a nuestra hermosa fauna”, apunta Yolandi Vermaak, veterinaria y rescatista de wómbats.

Y es que, aunque no están en peligro de extinción, estos marsupiales herbívoros y nocturnos que pueden llegar a medir hasta un metro de largo sufren, desde hace unos años, problemas de salud debido a la propagación de la sarna en su hábitat.

Esto, sumado al hecho de ser una especie silvestre nativa en Australia, convierte a los wómbats en una especie protegida a nivel jurídico. Según la Ley de Protección Ambiental y de Bioseguridad de 1999, dañar o capturar cualquier especie endémica en el país oceánico no solo es ilegal, sino que puede acarrear multas de hasta 300.000 dólares australianos, lo que supone más de 174.000 euros.

El caso de Sam Jones ha desatado la indignación en Australia y ha forzado al Gobierno australiano a tomar cartas en el asunto. El primer ministro, Anthony Albanese, tachó el contenido de las imágenes de “indignante” e instó a la joven, en tono burlesco, a repetir su comportamiento con otras especies autóctonas. “Separa una cría de cocodrilo de su madre y verás qué tal te va”, expresó Albanese en una rueda de prensa.

Por su parte, el ministro de Interior e Inmigración, Tony Burke, ha anunciado que las autoridades revisarán las condiciones del visado de Jones para estudiar su posible deportación. “No puedo esperar a ver que esta persona salir de Australia y espero que no regrese“, añadió Burke, quien duda de si siquiera la influencer “se molestará” en volver en el futuro “dado el nivel de escrutinio al que se enfrentará”.