Evaluación previa de tu condición física: es recomendable realizar una prueba de esfuerzo para determinar si estás en condiciones de seguir un plan de entrenamiento sin contratiempos. Si tenés un determinado nivel, la prueba de esfuerzo te puede ayudar a determinar cuáles son tus umbrales de trabajo y a qué ritmo podés entrenar.

Seguí  un plan de entrenamiento variado: guiado por un entrenador, no sólo es hacer rodajes al mismo ritmo a diario, ya que no producen mejora. Introducir cambios de ritmo, gimnasio, series, rodajes a ritmos diferentes. Fijate una meta realista y que el entrenamiento vaya encaminado a conseguir esa meta.

La condición física: hay que trabajarla para tener buen tono muscular y prevenir lesiones. El entrenamiento de la fuerza es fundamental para poder soportar km y ritmos más fuertes.

Realizar estiramientos: al finalizar cualquier entrenamiento, es importante  para dejar al cuerpo preparado para el próximo estímulo. Son sólo 10 a 15 minutos y te ayudan a prevenir muchas lesiones

Elegí el tipo de zapatilla adecuada a tu pisada: determiná el tipo de zapatilla que necesitás mediante un estudio de la pisada para evitar lesiones o sobrecargas.

La ropa debe ser cómoda y transpirable: no corrás con mucha ropa, para evitar transpirar demasiado y deshidratarte.

La alimentación debe ser variada: hidratos, proteínas, fruta y verdura, pero tenés que hacer especial incidencia en reponer hidratos de carbono luego de entrenamientos fuertes.

Hidratate bien durante los entrenamientos: incluso es bueno acostumbrarse a correr y beber al mismo tiempo para el día de la competición.

Seguí una progresión en los entrenamientos y la competición: primero introducite en carreras de distancias cortas como 5km y 10km, y una vez que domines esa distancia planteate retos mayores, como un medio maratón o maratón.