Hoy en día es raro el deportista que no lleve un monitor de ritmo cardíaco o pulsómetro.

Las pulsaciones son individuales: la anatomía y la fisiología de cada uno es distinta, por lo tanto, las pulsaciones de cada uno también. Hay gente que a 180 pulsaciones se ahoga y otros que a esa intensidad van cómodos. No es ni mejor ni peor ir a más o menos pulsaciones que el de al lado, ya que cada uno tiene sus zonas. Hay gente de pulsaciones bajas y gente de pulsaciones altas. 

Conocé tu umbral: la cifra más interesante que nos interesa conocer son las pulsaciones en las que está nuestro umbral. El umbral es esa intensidad a partir de la cual nos cuesta bastante respirar y las piernas empiezan a doler. Para saber el dato, te podés hacer una prueba de esfuerzo, que es lo más recomendable por motivos de salud.

 

Test de campo: si no te hacés una prueba de esfuerzo, podés hacer un test casero: hacé una subida dura de 20 minutos esforzándote a tope. Las pulsaciones medias que alcances en esos veinte minutos multiplicado por 0,98 será tu FC umbral.

Aprendiendo a regular: una vez que tenemos esta referencia del umbral ya sabemos hasta dónde podemos forzar sin pagarlo posteriormente. Debemos saber que si pasamos del umbral, nos fatigaremos rápido y tendremos que bajar el ritmo en unos pocos minutos, ya que el gasto que tenemos a estas intensidades es muy alto. Esto es importante cuando hacemos entrenos largos, ya que este gasto elevado hará que la fatiga aparezca antes.

Conocé tus zonas: con la referencia del umbral ya podemos establecer lo que se denominan las zonas de entrenamiento, que son unos rangos de pulsaciones en los que te movés en función de lo que buscás.