Para muchos es un pequeño lujo cotidiano; para otros, una necesidad. Cada 10 de marzo se celebra el Día Mundial de la Siesta, una fecha que pone en agenda un hábito que forma parte de la rutina de millones de personas en el mundo.

Aunque durante años se la asoció con la pereza, hoy distintos estudios sobre el descanso sostienen que dormir unos minutos después del almuerzo puede tener efectos positivos en el organismo. Incluso la inteligencia artificial se sumó al debate.

Al consultarle sobre el tema, ChatGPT —el sistema de inteligencia artificial desarrollado por OpenAI— señala que la clave no está solo en dormir durante el día, sino en cuánto dura ese descanso.

Según explica la herramienta, “la duración ideal de una siesta suele estar entre los 10 y 30 minutos”. Ese tiempo es suficiente para que el cerebro recupere energía sin entrar en fases profundas del sueño.

De acuerdo con este análisis, una siesta corta puede ayudar a mejorar la concentración, el estado de alerta y la memoria, algo especialmente útil en las horas posteriores al almuerzo, cuando muchas personas experimentan una baja natural de energía.

Qué pasa si la siesta dura demasiado

No todas las siestas generan el mismo efecto. Cuando el descanso se prolonga demasiado, el resultado puede ser el contrario al esperado.

Según detalla ChatGPT, dormir más de 60 minutos durante el día puede provocar lo que los especialistas llaman “inercia del sueño”, una sensación de pesadez o desorientación al despertarse que puede durar varios minutos.

Además, las siestas largas también pueden alterar el descanso nocturno, especialmente en personas que tienen dificultades para dormir por la noche.

Por ese motivo, el sistema recomienda que, si se toma una siesta, sea breve y preferentemente durante las primeras horas de la tarde, para evitar interferencias con el ciclo natural del sueño.

Un hábito que sigue vigente

Más allá de las recomendaciones tecnológicas o científicas, la siesta sigue siendo una costumbre muy extendida en varias culturas, especialmente en regiones con climas cálidos o jornadas laborales extensas. Mendoza es una de ellas.

En ese contexto, el Día Mundial de la Siesta funciona como una excusa curiosa para recordar algo simple: un descanso corto, bien tomado, puede ayudar a recuperar energía y encarar el resto del día con mayor claridad.