…señal que viene tormenta. Esa frase es parte de la letra de una canción que cantaba Rubén Juárez, se llama “El aguacero”. Tiene una melodía fuerte, potente y una letra que cuenta cómo se anuncia la lluvia inminente: “y hacen bulla los horneros anunciando el chaparrón”. Unos versos antes, el que avisa es el chillido de los huesos.
La palabra huesos aparece en un montón de frases que se usan día a día. Un periodista es bueno porque cuando hace entrevistas “va hasta el hueso”, como queriendo decir que es incisivo, que llega a lo más profundo, que no se queda con la primera respuesta sino que repregunta, incomoda, busca llegar a la verdad. O “A otro perro con ese hueso”, no me vengas con mentiras, que yo sé de qué se trata todo esto. A veces se asimila el concepto de verdad con el hueso, como que es lo esencial, el armazón, lo que estructura y da sostén. Doscientos seis son los que forman el esqueleto humano. Las costillas nos protegen los sentimientos del corazón, el cráneo nos cuida los pensamientos del cerebro y la columna vertebral, llena de huesos pequeños, nos estructura, nos mantiene erguidos y, alguna vez, hace más de cuatro millones de años, nos hizo ponernos de pie, en nuestra historia como especie. Hasta hay un poema de Baldomero Fernández Moreno dedicado al hueso esfenoides: “huesito misterioso, calado, aéreo: ¿para qué quieres tus cuatro alas inmóviles en medio del cerebro?”. Tiene forma de pájaro o de mariposa, un hueso extraño que no articula con ningún otro, enclavado en medio de nuestra conciencia.
Cuando una mujer tiene más de cincuenta empieza a incorporar a su léxico las palabras osteoporosis, osteopenia, densitometría…porque con el tiempo, nuestros huesos empiezan a ser más livianos, menos densos, más porosos y frágiles. Sin embargo, con el correr de los años también nos hacemos simbólicamente más fuertes, más resistentes…y la columna de hoy se está pareciendo cada vez más a una publicación de autoayuda. Y no es la idea. Quizá sea porque una frase trae a la otra, la deriva de las palabras nos lleva a lugares que no queríamos visitar y ellas, las palabras, sin permiso, ponen afuera la inquietud, el miedo a la fragilidad, a lo que se rompe, a lo que se puede perder.
Sin embargo, a pesar de esas sensaciones que algunas veces nos acompañan e incomodan, la esperanza, también se abre camino y aparece cuando la necesitamos. Ella, que siempre nos hace esperar cosas buenas, la misma del mito de Pandora, que quedó en la caja cuando su curiosidad hizo que abriera lo que estaba prohibido y se escaparan todos los males, ésa que ayuda y cobija. Parece ser que la esperanza es un hueso duro de roer.
