Foto: Gemini

Ansiedad de tenerte en mis brazos, musitando palabras de amor…así empieza un bolero de Nat King Cole que lleva el mismo título que la columna de hoy. Ansiedad, el mal que padece un alto porcentaje de la sociedad por estos días. Pero si se escucha la canción, si se le presta atención a la letra, todo hace referencia al deseo, al ansia, a eso casi instintivo y visceral, a todo aquello que no está mediado por el razonamiento, por el análisis cerebral. En castellano las palabras, ansiedad y ansia, se parecen, hasta tienen el mismo origen, las dos vienen del latín y refieren a algo así como angustia y aflicción. En inglés, en cambio, las dos palabras, anxiety y craving, son bastante diferentes y, si se busca la etimología, ansia viene del inglés antiguo y quiere decir pedir algo con urgencia, suplicar, reclamar con fuerza a algo a que se tiene derecho; anxiety sigue haciendo referencia a la angustia y la sensación de opresión, como en español. El deseo y el ansia nos mueven, nos hacen marcar un camino y seguirlo con ganas. La ansiedad, en cambio, solamente hace que nos apuremos, que no podamos terminar de escuchar lo que nos dicen, nos alborota el corazón sin que haya nada que lo sostenga realmente. Apuro, muchas actividades, una cosa lleva a la otra y hace olvidarse lo que se buscaba al principio. Hace un tiempo leí un posteo que mostraba esa deriva de la atención, sin embargo no se sentía cargado de ansiedad: “Iba a preparar el tuco. Fui a buscar una cebolla,  mientras voy veo que unas ramas de una planta que puse en agua habían echado raíz. Fui a agarrar la pala para llenar con tierra una maceta. Mientras busco la maceta me cuenta mi marido que sacó unos cajoncitos de un mueble,  me puse contenta,  fui a ver el mueble para desarmarlo. Encontré el certificado de sexto grado de mi vieja,  me encantó. Me di cuenta de que es la una. Voy a hacer el tuco. Ya tengo la cebolla.” Entonces, la ansiedad ¿no es debilidad de atención y apuro para llegar a lo que sigue? ¿Scrollear, eso de pasar rapidito de una publicación a otra, de un reel a otro, será causa de la ansiedad? ¿O será la consecuencia? Probablemente sea algo más que eso. Cuando no se puede leer una nota completa  porque ya queremos ver lo que sigue, cuando miramos una serie y nos quedamos siete horas seguidas porque decidimos “maratonearla” porque necesitamos llegar al final, cuando leemos una novela “en diagonal” salteando partes porque ya imaginamos lo que dice, todas esas cosas son muestras de nuestra época, el signo de los tiempos. Escuchar música probablemente sea de las pocas actividades que todavía resisten a ese apuro, a esa desesperación desenfocada.

 —Me voy a quedar escuchando boleros: “quizás estés llorando al recordarme/ y estreches mi retrato con frenesí/y hasta tu oído llegue la melodía salvaje/ del eco de la pena de estar sin ti”

— Ya me cansó esta, voy a poner “No sé tú”.