El 30 de enero de 1872, hace hoy exactamente 153 años, moría Felicitas Guerrero, la joven aristócrata más hermosa y adinerada de la sociedad porteña. Según las versiones más divulgadas, fue asesinada por Enrique Ocampo, un pretendiente celoso que no pudo soportar que ella fuera a casarse con otro hombre: Samuel Sáenz Valiente. Felicitas era viuda y había heredado de su esposo, Martín de Álzaga, una enorme fortuna.
El crimen y toda la vida de Felicitas Guerrero de Álzaga guardan interesantes misterios. La leyenda de su fantasma, que aparece en la iglesia que sus padres construyeron luego de su muerte; las transgresiones de su corta existencia, que la llevaron a enfrentar las restricciones de su época, y la fama de su belleza son algunos de los ingredientes que han inspirado a la escritora mendocina Aaineé, seudónimo de Alejandra Dorra Suden, a relatar esta historia en 5 libros que constituyen una saga cuya figura central es Felicitas.
La saga “Perdón por ser virtuosa”, que la escritora cataloga como una “investigación novelada”, es el producto de más de 20 años de estudio sobre el tema. Conversamos con Alejandra acerca de esta apasionante historia.
¿Cómo te conectaste con la vida de Felicitas Guerrero?
La historia de Felicitas llegó a mí a través de un artículo publicado en un diario el 20 de marzo del 2005 que hablaba acerca de un castillo que hay en una localidad bonaerense que se llama Domselaar, que es propiedad de una de las sobrinas nietas de Felicitas, Josefina, quien ya falleció. Ella abría las puertas dos veces a la semana, se contaba la historia de Felicitas, la historia que trascendió dentro de, digamos, la familia Guerrero y las crónicas, que habla de un fantasma que se aparece en Barracas en las noches de tormenta, como la que ella murió, el 30 de enero de 1872.
¿Y cuándo surgió el proyecto de escritura sobre ella?
Cuando comencé a investigar acerca de ella, no había el bagaje de información que hay ahora en internet, tuve que ir a libros, investigar, me contacté con descendientes, viajé a Buenos Aires, a los lugares donde ella había vivido. Conocí a Josefina, que me dio la idea del eje central, que es la transformación de la mujer argentina en aquella época, en 1860, en la que sólo existíamos para tener hijos y administrar el hogar. El papel de la mujer era muy acotado, y ella me sugirió que plasmara la corriente de pensamiento que entró en Argentina, proveniente de Europa, principalmente de Inglaterra y de Francia, en donde la mujer ya tenía un valor alto sobre sí misma y por el cual después nosotros comenzamos a votar, a trabajar, a estudiar y luego a ocupar cargos públicos y demás ya en el siglo XX. La historia de Felicitas a mí me llamó muchísimo la atención, porque lo único que había escrito sobre ella antes de mi primer libro, te hablo del 2005, la rescataba sólo por ser bonita, por haber heredado una de las fortunas más importantes de Sudamérica y por su asesinato, por supuesto, y a mí me pareció eso muy superficial, muy injusto que la recordaran nada más que porque era bonita.
¿Cuál es la importancia de rescatar su vida en la actualidad?
Bueno, yo rescaté su vida porque Felicitas fue una transgresora, una mujer que la obligaron a casarse con un hombre que era más grande que el padre, era 32 años mayor que ella, y ella se reveló, pero no tenía opción en aquella época. Las mujeres no teníamos ningún derecho. Pero Felicitas nunca se resignó a ese destino y, con el tiempo, llega a llevarse bien con su marido, que la veía más como una hija que como una esposa. Se torna, digamos, una buena compañera para él, porque comienza a ocuparse de las personas que trabajaban en los establecimientos de don Martín de Álzaga. Recordemos que él y su familia, los Álzaga Pérez, tenían una fortuna enorme, eran terratenientes de Buenos Aires. Tenían 70 mil hectáreas de tierra muy productiva, con establecimientos muy importantes. Por ejemplo, La Postrera producía lana merino. Era de los establecimientos más ricos de la pampa húmeda argentina.
¿Y Felicitas se pone a trabajar en los campos del marido?
Y ella nunca quiso ser una chica más. Ya le había pedido a su padre estudiar y no la dejó. Pero, bueno, ella empezó a asistir a la gente, a enseñarles a leer y escribir, a llevarles medicamentos. Alternaba su vida entre la ciudad y el campo. No se conformó con su destino. Cuando enviudó, a pesar de ser muy joven, porque se casó a los 16 años, se convierte en una de las primeras administradoras de tierra en la Argentina. Era como si dijéramos hoy “una influencer”, que participaba en asuntos importantes, por ejemplo, donó parte de sus tierras para la construcción del primer puente que se hizo en Argentina, durante la presidencia de Sarmiento, dirigido por el ingeniero Luis Huergo, en el río Salado. Se habían traído todos los materiales de Inglaterra y se hizo en paralelo al puente de Brooklyn, en Manhattan. Al momento de morir, ella tenía todo listo para la celebración de la inauguración, porque ella iba a ser la madrina.
¿Qué leyendas se tejen alrededor de ella?
En el lugar donde fue asesinada, hoy se encuentra allí la Plaza Colombia, había una de las mansiones de los Álzaga, llamada La Noria. El día que a ella la asesinan, ella daba una fiesta junto con el que era su novio: Samuel Sáenz Valiente. En ese momento, ella estaba viuda de Don Martín. Esto fue un par de años después, y las crónicas dicen que se presenta don Enrique Ocampo Regueira, que era uno de los pretendientes de ella. En realidad, Enrique le había pedido su mano de muy joven, y don Carlos, el papá de Felicitas, se la había negado para casarla con este hombre que era tan rico. Y las crónicas han trascendido que hay una discusión, y que Enrique la balea y él luego se suicida.

¿Y vos estás de acuerdo con esa versión de su asesinato?
Bueno, yo sostengo que esto no es así. Investigué y estudié durante años, no sólo de este tema y esta causa, que se perdió, cayó en manos del juez Ángel Justiniano Carranza, primer juez de instrucción en lo criminal, un eximio juez que, además, era casi médico. Esta causa se perdió. Seguramente la desaparecieron. Nadie sabe qué sucedió con la causa, ni con las armas o el arma homicida. Bueno, sin irnos por las ramas, el tema es que Enrique muere en el acto, con un disparo en el pecho y otro en la cabeza, o sea, muy difícil que se suicide, y ella agoniza y muere al día siguiente. Entonces, se dice que en ese lugar vaga el fantasma de Felicitas, que pide justicia. Con esta leyenda es con la que yo inicio la obra, en una escena que se llama “Buenos Aires Macabro”. Los lugareños y chicas que han estudiado en un instituto que hay ahora detrás de la iglesia que se hizo en honor a ella, que mandaron a hacer los padres de Felicitas unos años después, dicen que ella parece en las noches de tormenta. Hay una leyenda urbana muy instaurada.
¿Qué anécdotas o vivencias rescatás en todos estos años en que has trabajado en sostener su memoria?
Anécdotas y vivencias tengo un montón, un montón. Fue maravilloso conocer a Josefina Guerrero. Ella era nieta de Antonio, que fue hermano de Felicitas. Felicitas era la mayor de once hermanos. Antonio era uno de los del medio que, al momento de morir Felicitas, tenía catorce. Dicen que él fue el primero en entrar en la salita de La Noria cuando Felicitas había caído, digamos, agonizando. Josefina tiene en su poder el cuadro de Felicitas, que la retrataron postmortem. Y Josefina era una mujer maravillosa, sumamente culta, de mente abierta. Me abrió las puertas del castillo y muchas veces la visité. Hicimos una presentación allí el 8 de diciembre del 2006. Y para esa presentación yo había repartido invitaciones entre varios de mis colaboradores, de los descendientes. Acudió un bisnieto de Samuel, Gonzalo Sáenz Valiente, con su mamá, Marta Quintana, que ya falleció. Te habló de esto hace casi veinte años y, bueno, fue maravillosa esa vivencia. También el hablar con los descendientes, que pusieran en mis manos mapas, árboles genealógicos, anécdotas de la familia. Luego, en otros viajes, caminé los campos donde ella había vivido. Fui a La Postrera, me recibió su dueña, Josefina Cardoso Aguilar. La Postrera es la estancia favorita de Felicitas, que está en pie, un lugar que es de ensueño, a la orilla del Salado. Toda la colaboración que me han dado historiadores de la provincia de Buenos Aires. El entusiasmo de la gente cuando yo he ido a difundir mi obra. He hecho varios viajes, sobre todo al campo argentino.

¿En cuánto se calcula la fortuna que heredó Felicitas?
Esas setenta mil hectáreas hoy son varios partidos en Buenos Aires: Castelli, parte de Chascomús, General Madariaga, el partido de la costa, Lezama, parte de Dolores. Toda esa franja de tierra es la que heredó Felicitas. Por eso, era llamada “la heredera de los pagos del Tuyu”… Como te decía, todo ha sido enriquecedor. El arte para mí ha sido transformador. Yo soy otra persona después de que esta historia llegó a mí.
¿Cómo fue el proceso con cada libro? ¿Cómo encaraste la investigación?
Bueno, el proceso, la primera etapa de la creación de la obra fue en 2005, 2006 y 2007. Creé un tomo que yo lo llamo la base, digamos, donde cuento la historia con la misma estructura aproximadamente que tiene ahora, y en ese momento hice unos pocos ejemplares en un taller gráfico acá en Mendoza. Se vendieron en varias locaciones en Buenos Aires, entre ellas, el Castillo Guerrero, que está en Domselaar. Y luego, en el 2015, yo decidí reabrir esos archivos, tras 10 años de hacer tomos artesanales con mi mamá, que tengo un video subido a mi canal. Yo imprimía las hojas y con ella emblocaba y engomaba, y después le pegábamos las tapitas. En 2015, decidí reabrir los archivos, porque, al haber internet y Wikipedia, y todo lo que hay en este momento, pude darle algunas precisiones más a la obra, además de viajar al campo argentino, conocer a historiadores y descendientes de personas que habían trabajado en los establecimientos de los Álzaga Guerrero. Ellos hasta objetos me han regalado, como fichas de esquilas, por ejemplo, que las tengo en mi casa. En Lezama, el director de Cultura, Darío Blanco, me regaló un trozo del puente que iba a inaugurar Felicitas, que estuvo operativo casi hasta el año 2000, de 1872 al 2000. Ahora fue desmantelado y hay un puente de cemento. Entonces, me regalaron un trozo del basamento que lo tengo en mi casa. Bueno, ha sido un proceso maravilloso.
Pero toda esta historia la desarrollás en una saga de 5 libros, ¿no?
Sí, cuando comencé a reescribir, en el 2015, ahí, ese gran tomo de 5, creé el primero, que se llama La Subastada, y luego, durante la pandemia, reescribí la etapa de la vida de ella en la que la Argentina vive la Guerra del Paraguay y la epidemia de fiebre amarilla, cuando ella pierde un montón de seres queridos, una época muy oscura para el país. En el tomo 3, yo reivindico la sabiduría de los pueblos nativos argentinos, porque ella tiene una consejera espiritual que es una chamán ranquel, ese es el único personaje, junto con la nana, que son ficcionales. Todos los demás son personajes reales, todos los Guerrero, los Cueto, los Montes de Oca, los Sáenz Valiente, los Ocampo, son todos personajes reales, muy trabajados. He realizado muchos estudios acerca de cada uno, numerológicos, astrológicos, aporte de los descendientes, como te dije, de personas que han trabajado en los establecimientos de ellos. Y ahí, en el tercer tomo, que se llama La Renacida, yo relato cómo ella vuelve a consultar a esta chamán para que la guíe a salir de esa oscuridad que ha significado la muerte de tantos seres queridos y todo lo que ha vivido la Argentina en ese tiempo tan oscuro. Ahora voy a presentar el tomo 4, que se llama La Indomable, es la etapa de la vida de Felicitas en donde conoce al que para ella es su amor, digamos, apasionado, que es con el que está de novia cuando la matan. Y el último tomo, el quinto, que ya lo tengo escrito y todavía no lo he editado se llama Entre el cielo y la tierra, que es antes, durante y después de su muerte.
¿Cómo es el “antes durante y después” de la muerte de Felicitas Guerrero?
Yo he hecho estudios acerca de cómo pasaron las tierras de los Álzaga a los Guerrero y la fortuna, que era una de las más cuantiosas del Virreinato, en un proceso testamentario y sucesorio –el de Alzaga testamentario y el de Felicitas sucesorio–, he estado cuatro años estudiando con abogados, escribanos, un proceso muy oscuro, muy complejo. Y si bien es una causa ya prescripta, el entramado que yo he descifrado con ellos, tengo entendido que no lo ha hecho nadie en el país.
Hay diferentes versiones sobre el final de Felicitas y su relación con su matador. Incluso hay otras novelas y una película… ¿cuál es la versión que se rescata en la saga?
Bueno, sí, lo que ha trascendido en la historia es lo que más convenía, porque, como Enrique Ocampo muere en el acto con dos disparos, qué mejor que endilgarle a él la muerte de Felicitas, una mujer sumamente poderosa, hermosa, rica, de armas tomar. Es una conclusión que saca el juez Ángel Justiniano Carranza, después de que ha interrogado a todos en La Noria, y hasta pide hablar con ella ya en su lecho de muerte. Era una mujer muy poderosa para su época, no sólo porque se había convertido en viuda y rica, sino porque era independiente, que era algo hasta mal visto entonces. Tengamos en cuenta que Felicitas muere cuando recién entra en vigencia el Código velezano, el código civil de Dalmacio Vélez Sarsfield. La mujer no tenía, a pesar de regir ya el código civil, que estaba todo muy confuso, porque había diferentes impresiones del código. Te hablo de 1871, la mujer, por ejemplo, enviudaba, no podía tener la custodia de sus hijos ni la tutela, o sea, pasaba o al padre o a su hermano mayor. No podía ser testigo en actos públicos, no podía firmar ningún tipo de documento, o sea, éramos como si te dijese una ciudadana de clase B, un segundo sexo. Hay una discusión entre el padre de Felicitas, ella y su mamá, y les dice “ustedes se callan porque son miembros del segundo sexo, acá se hace lo que yo digo”, o sea, nosotros no teníamos ningún derecho y ella se había tornado una mujer independiente.

¿Dentro de qué genero ubicás a la saga?
Yo lo llamo “investigación novelada”. Tomo los hechos históricos, hay solo dos personajes ficcionales. Mi imaginación se ha desatado gracias a la investigación, pero es una imaginación que tiene mucho sustento.
¿Cuál fue tu propósito o intención al tomar este personaje y escribir la saga?
No sé si ha habido un solo propósito en mí. Primero, en el 2005, cuando arranqué, fue un apasionamiento, porque cuando comencé a investigar acerca de ella no podía dormir, tenía ideas, imaginación, premoniciones. Una compañera mía de la universidad, licenciada en Comunicación, me instó para que comenzara a escribir. Y bueno, cuando comencé a escribir y a imbuirme, digamos, en la historia, se produjo en mí un proceso transformador, el arte ha sido transformador para mí, ha sido un enriquecimiento personal enorme, y creo que, después de 20 años de sentir que de algún modo los personajes me hablaban, que estaban conmigo, en mí no ha sido difícil crear diálogos ni conversaciones, porque yo sentía que ellos estaban conmigo.
Firmás tus libros con el seudónimo Aaineé, ¿por qué?
Cuando elegí el seudónimo, que es Aine, yo le agregué una A y una E, fue también un proceso muy profundo, tuve que estudiar, estudié diferentes tradiciones, hasta que encontré un vocablo con el que yo me sintiera identificada, y cuando encontré el de la diosa de la inspiración celta, que es Aine, sentí que ese era el nombre que yo tenía que tener. Significa “resplandor” en galénico. Creo que mi fin último es arrojar un poco de luz en esta historia tan oscura, que si bien tiene un final oscuro, yo cierro todo el proceso con una escena en la actualidad, en las playas de Felicitas, donde se reúnen todas las familias implicadas actuales y hacen una ceremonia muy bonita de perdón. Ese es el lema de la saga: Omnia vincit amor, que es una oda de Virgilio, de sus poemas pastoriles.
¿Qué sucede cada 30 de enero?
Cada 30 de enero ella es recordada por lo que se llamó el “crimen de La Noria”, en donde, como te dije, muere en el acto Enrique Ocampo con dos disparos, y ella agoniza y fallece al día siguiente, en una noche tormentosa, rodeada de sus familiares, con cuatro médicos que la estaban asistiendo. Dos estaban en la fiesta, el doctor La Rosa y Juan José Montes de Oca, que es su médico de cabecera, amigo de la familia, primo de la madre, que se llamaba Felicitas Cueto y Montes de Oca. Ellos piden una interconsulta con dos cirujanos que son dos eximios de Buenos Aires, el doctor Blancas y González Catán. También tuve que estudiar por qué no la operaron, si era la mujer más rica del país, que ahí hay toda una explicación. Felicitas fallece en La Noria con su mejor amiga al lado, Albina Casares, que nunca se separó de su lado. Este es el recuerdo que se tiene de ella, y se dice que en esas noches su fantasma vaga por el lugar donde fue asesinada, y en las rejas de la iglesia, como yo he contado en el fragmento “Pañuelos en las rejas”, que está en el tomo cuatro, las mujeres le dejan pañuelos para que ella se seque las lágrimas, pañuelos blancos, y creo que los rojos son pedidos para que vuelva el amor que se ha ido.
¿Qué otros proyectos literarios tenés?
En este momento estoy haciendo una adaptación de toda esta historia para teatro. Si bien se han hecho documentales y hay una película sobre ella, de la directora Teresa Constantini, son más bien versiones libres. A mi juicio no tienen precisiones históricas, más de estas tres cosas que se saben, que le decían la mujer más hermosa de la República, que ha vivido una vida opulenta y que fue la heredera de los pagos del Tuyu. Por ejemplo, en la película, a Felicitas la matan en una laguna. Eso no fue así, es una versión libre. Lamentablemente, circulan mucho más todas estas versiones libres. De hecho, yo que llevo más de 20 años investigando y gestando una saga literaria en cinco tomos basada en la vida de Felicitas Guerrero no figuro en Wikipedia. Ahí te das cuenta del poder que tiene Buenos Aires sobre el interior. Creo que mi trabajo aportaría muchos más elementos y tiene mucha investigación para ver los matices de esta historia tan importante, llena de secretos y complots (algunos de los cuales yo develo) y tan apasionante.
Sobre Aaineé
Alejandra Dorra Suden (Aaineé) es profesora en nivel terciario y secundario en institutos tecnológicos. Se especializa en materias numéricas y formación en informática. Es Licenciada en sistemas de la UTN. Ha trabajado con empresas e instituciones estatales
Sinopsis de cada libro
Tomo I “La subastada”: es el período de la vida de Felicitas desde su nacimiento en la Confederación de Rosas hasta su casamiento con don Martín.

Tomo II: “Ajusticiada”: Argentina vive el horror de la Guerra de la Triple Alianza y las epidemias de fiebre amarilla, tifus y viruela. Felicitas no escapa a estos oscuros tiempos, en donde pierde seres amados. Al fallecer Martín de Álzaga se inicia una batalla legal y judicial sin precedentes en el ámbito de los tribunales argentinos entre Felicitas y sus hijos naturales, que la acusan de robarles la fortuna de su padre.

Tomo III “La renacida”: al enviudar de don Martín, de algún modo, el destino de Felicitas la libera del yugo opresor de su padre y de una sociedad rígida, cuyos moldes la asfixian. Recurre a la sabiduría ancestral de una chaman ranquel, quien la ayuda con sus conocimientos a salir de la oscuridad que ha padecido durante años. Ellas saben que lo mejor de su vida está por venir…

Tomo IV “La indomable”: Influenciada por la corriente de pensamiento europeo, Felicitas aspira a más; ella rompe todo molde: pretende completar el papel femenino convirtiéndose en una empresaria de su época al tomar las riendas de las estancias heredadas, dejando así un legado en la historia ganadera argentina. En una vivencia que inflama el imaginario colectivo, conoce al amor de su vida: aquel Sol rojo vaticinado por la machi.

Tomo V “Entre el cielo y la tierra”: El proceso testamentario de don Martín de Álzaga Pérez se ha tornado complicado. Felicitas está tratando de cerrar varios capítulos de su pasado, en tanto disfruta del amor recién llegado a su vida. Feliz planea su boda y se ha propuesto dejar una huella en su amada tierra bonaerense participando de la construcción de un puente, ubicado en una de las márgenes del río Salado y de su estancia “La Postrera”.

