Todos los 4 de septiembre, Mendoza conmemora un nuevo aniversario de la desaparición de Johana Chacón: la joven alumna de la escuela primaria Virgen del Rosario (Lavalle) que dejó misteriosamente de asistir en el 2012, cuando tenía 13 años. Su caso es histórico y emblemático, gracias a la lucha sin precedentes de la comunidad escolar, encabezada por la directora Silvia Minoli y sus compañeros de 7° grado, para llegar a la verdad y buscar justicia.

A causa de su búsqueda, se conoce también el caso de Soledad Olivera, de 28 años y mamá de alumnos de la misma escuela.

A partir de marzo del 2013, un grupo de compañeros de Johana, ya en la secundaria, comenzaron a divulgar cada septiembre, mes en que se cumple el aniversario de la desaparición, un video para visibilizar su búsqueda. Esos videos eran realizados en un taller de Teatro, a cargo del profesor Rubén Antinori Piticchio.

En el 2014, se declara por la ley Nº 8723, el 4 de septiembre de cada año como el Día Provincial de la Construcción Colectiva de Conciencia Ciudadana, en memoria a la desaparición de Johana Chacón. En las escuelas secundarias de la provincia se realizan jornadas y actividades, con base en tres ejes: la protección Integral de los derechos de niños,  niñas  y adolescentes, la  trata de personas y  la violencia de género. 

En el 2022, cuando se cumplen diez años de la desaparición, el canal Acequia y la productora audiovisual Raíces ancestrales filman el documental “En todos los rincones falta ella”, que reúne las producciones de Rubén y “los pibes de Johana”. Para entonces, ya se sabía cuál había sido el destino de Johana y Soledad, aunque sus cuerpos nunca fueron encontrados.

La historia de Johana

Johana Chacón y sus cuatro hermanos, Beatriz, Martín, Sebastián y Diego, vivían en una situación de extrema vulnerabilidad. Luego de la separación de sus padres, Bernardo Chacón y Mirtha Ruiz, los cinco niños permanecieron un tiempo con su mamá en Tunuyán, pero luego de unos meses volvieron con su padre a Tres de Mayo.

Poco después, y con la anuencia del padre, se fueron quedando de a poco en la finca que administraba Luis Curallanca, en la que vivía con su esposa, María Ruarte, y con el hijo de la mujer, Mariano Luque.

Beatriz y Johana se quedaron a vivir en la finca, sus hermanos estaban ahí en forma intermitente, y tanto sus vecinos como sus docentes aseguraron que su situación mejoró. En la puerta de ese predio de 12 hectáreas, ubicado en la calle rama 4, la pequeña de 13 años fue vista por última vez el 4 de septiembre del 2012.

La causa por su desaparición pasó por varias carátulas: búsqueda de paradero, desaparición y desaparición con fines sexuales. En septiembre del 2015, su hermana, Beatriz Chacón, declaró ante la Justicia Federal, en el marco de la investigación por trata de personas con fines de explotación sexual, que Mariano Luque ahorcó a Johana delante de ella y quemó su cuerpo.

Link para acceder a la cronología completa: https://centrointegrar.org/cronologia/

El taller de teatro

El profe, junto a Evangelina, Matías y Daiana, compañeros de Johana.

A principios del año 2013, la escuela Elena Imazio (secundaria vecina de la escuela primaria Virgen del Rosario, donde concurría Johana hasta su desaparición) comienza a dar talleres artísticos para la comunidad estudiantil: taller de muralismo, de murga y de teatro, enmarcados en el programa educativo CAJ (Centro de Actividades Juveniles). Se desarrollaban los sábados.

En el Taller de teatro “Todxs tenemos algo para decir”, dirigido por el joven profe Rubén Antinori Piticchio, los compañeros de Johana empezaron a realizar producciones audiovisuales todos los años. El objetivo que perseguían era poder canalizar y visibilizar lo que sucedía en la comunidad de Tres de Mayo y hacer cada vez más masiva la búsqueda de Johana.

Link para ver las filmaciones que año a año realizaron los miembros del taller: https://centrointegrar.org/taller-de-teatro

Entrevista a Rubén

¿Cómo fue que se generó el documental “En todos los rincones falta ella”?

-“El documental se genera por invitación de canal Acequia que venía siguiendo las producciones del taller de Teatro. Nos propusieron crear un documental que narrara estos 10 años de visibilización y que, además, fuera lo suficientemente sólido para poder trabajarlo en las escuelas, ya que veíamos que, con el paso del tiempo, era cada vez menos el interés al momento de abordar el tema en las escuelas. Creímos que lo mejor eran “los pibes de Johana” hablándoles a los pibes de las escuelas”.

¿Cuándo conociste vos a los chicos, fue en el momento en que ocurrieron los hechos, o fue ya después cuando entraron a la secundaria?

-Cuando egresan de la primaria y se proponen talleres artísticos en la secundaria contigua (Elena Imazio), para que los pibes cursaran los sábados de manera optativa. Fue en el taller de teatro que salió el tema y la propuesta de hacer algo que ayudará a la visibilización. En el 2013, la tecnología y las redes sociales no estaban tan accesibles como ahora. Había que ponerle el cuerpo más que like. Se hace el primer video ese año y comienza a tener una repercusión que llevó a periodistas a ir a entrevistar a los pibes, quienes, muy inteligentemente, fueron recolectando los datos para el siguiente video que ya estábamos craneando. Lo mismo con la UNCuyo y con otras escuelas de Ciudad. La idea fue aprovechar el revuelo del primero para convencer a más sectores de que participaran en la segunda producción. Todo hermoso, hasta el 2015, que cierran el taller.

¿Qué pasó entonces?

-Desde ahí y en adelante seguimos de manera independiente. En junio nos hablamos por el grupo, julio filmamos y agosto editamos para poder estrenar los 4 de setiembre y que las escuelas tuvieran un nuevo material para abordar las jornadas. Ya en el del 2021 nos dimos cuenta de que no nos daba el físico y que era una gran complicación laboral y económica seguir generando los audiovisuales. Supimos entonces que, con la invitación de Acequia, nos despedíamos como taller y como militantes activos de la memoria.

¿Cómo surgió originariamente esta idea de irse filmando, de hacer estos pequeños videos, de las marchas y de todo?

Creo que el motor más grande de acudir a lo audiovisual era la idea de cómo cortar todas las rutas de la provincia a la vez. Había que generar ruido, porque de verdad estábamos convencidos de que iba a volver. Entonces, había una necesidad de hacer más masivas y visibles las acciones de búsqueda.

Como docente, ¿qué rol crees que tuvo el teatro y tu disciplina en todo esto?

El teatro vino a transformar en muchos aspectos la vida de todos. En lo personal, estaba aprendiendo a ser profe de teatro y me tocó hacerme cargo de algo que provocaba mucha angustia en el ámbito educativo. Además, se trataba de preservar a los pibes de información o avances judiciales. Entonces quedaban en un gris. Entre el miedo y la incertidumbre. El teatro creo que vino a permitirles poder poner el cuerpo, generar discurso, tomar posición y defenderla desde el juego. Todos recordamos con mucha alegría los días de filmación. El teatro tiene esa cosa mágica de permitirte entrar y salir de las emociones. Gestionarlas para que no nos hagan daño. Usarlas como motor para que el viento a veces esté a nuestro favor.

A los compañeros de Johana les sirvió seguramente para expresarse y, de algún modo, sanar, ¿no?

También creo que les permitió sentirse seguros de sí mismos, saber que pueden ser auténticos con sus emociones y decisiones de vida. Luego de tanto revuelo, de ir y venir para todos lados con el teatro, creo que sembró una semilla mucho más profunda que la lucha. La mayoría de los pibes de Johana han sido los primeros en sus familias en ir a una universidad.

¿Vos la llegaste a conocer a Johana? ¿Por qué te involucraste tan profundamente y con tanto compromiso en esto?

No la conocí. El taller comienza en marzo del 2013. Johana desaparece en setiembre del 2012. Lo de involucrarse, creo que no había mucha opción. Cuando ves la angustia y el miedo a la orden del día en pibes que deberían estar teniendo otros registros de vida, hacer la vista gorda es transformarse en cómplice. Creo que mi compromiso estuvo ahí, con ellos. Y el de ellos con la causa.

En el documental aparecen 4 o 5 compañeros. ¿Eran más los que participaron en los talleres en el 2013?

Sí. Eran de todos los años. Por año íbamos recibiendo más chicos que participaban en las obras que producíamos, que no tenían que ver con Johana. Con los audiovisuales si éramos más cuidadosos, porque Mariano Luque entraba y salía de la cárcel y no queríamos exponer a más pibes que no tuvieran un respaldo familiar que nos diera tranquilidad de que estaban seguros.

El profe Rubén y los compañeros de Johana en el Congreso de la Nación (2015).

¿Seguís en contacto con “los pibes de Johana”?

Siempre. A veces suena contradictorio haber sido felices en este contexto. Y eso se lo debemos al teatro. Supo construir nuevas narrativas y recuerdos. Creo que si hoy le preguntas a los pibes de Johana, te pueden narrar más todo lo que hicieron que lo que sintieron. El martes, cuando comencé las jornadas, les escribí para decirles que ya los estaba haciendo famosos otro año más. Sí es cierto que no supimos construir otro encuentro presencial que no sea para filmar, pero nos sabemos presentes.

¿Y cómo te relacionaste con Silvia Minoli, la directora de la escuela?

Nos conocíamos por las producciones. Siempre atenta y amorosa. Fue en el 2018, que se conocería la sentencia, cuando decidimos crear en conjunto. Desde allí aprendimos a querernos mucho y a descansar en el otro cuando no había energía suficiente para sostener. Actualmente nos vemos bastante seguido. Sobre todo en estas fechas, cuando vemos todo lo que se puede hacer. Ella no para. Este año sacó un libro y consiguió cambiar el nombre de la Ley para evitar que desaparezca el nombre de Johana, como venía sucediendo en los últimos años. Es hermosa persona, y no tengo dudas de que la construcción dentro del aula que hago con las clases tiene mucho que ver con ella y su enseñanza sobre lo complejo y completo que es el vínculo entre docente y estudiante.

¿Qué pasó con Beatriz, la hermana de Johana, o los padres? ¿Y con la familia de Soledad Olivera? ¿Alguna vez se contactaron o vieron el documental?

El papá y los hermanos (Beatriz incluida) siguen viviendo en Tres de Mayo. Su mamá, hasta donde supe, en Tunuyán. Pero nunca tuve vínculo directo con ellos. Creo que hay otras realidades y problemáticas que los atraviesan y qué, no es falta de interés por la historia de su hija, sino que, la realidad de tener techo y comida es el problema cotidiano. Por eso sé que, sin la escuela, no se hubiera sabido la verdad. Porque se administran otros recursos, sobre todo los intelectuales, que son los más necesarios para entender y avanzar en los procesos judiciales. Respecto de la familia de Soledad, sé que viven en Lavalle aún. La escuela ayudó a construirles una casita a los hijos de Soledad.

Además de acompañar a los chicos frente a las cámaras, ¿cuál fue tu participación en el guion?

El documental no lo guioné yo. Fue Adrián Biasiori, del canal Acequia, y Débora Candito por Raíces ancestrales. Yo fui con una idea, pero ambos me dijeron: “No, querido, esta vez te toca a vos estar delante de cámara”. En las producciones anteriores sí el guion lo hacíamos en conjunto con los pibes. Hay uno, por ejemplo, que mezcla la cara de Johana con Florencia Romano, otra piba asesinada. Eso fue un pedido de Daiana (Méndez), que escribió en el grupo muy conmovida por las similitudes con los casos de Johana y Soledad. Entonces salió la propuesta de incluirla.

En el documental es muy bella la idea de Johana como abogada. Esta conclusión de que ella, finalmente, con su muerte y las consecuencias de su desaparición, resuelve el caso de Soledad…

Ese fue el Chema (Matías Guardia). Admiro cómo creció intelectualmente. Él se hace cargo de la biblioteca pública de Tres de Mayo. Estudia Comunicación Social y tiene un espíritu de empuje hermoso. En su caso, creo yo, Johana vino a decirle que no siguiera siendo cosechador, que vaya un poco más allá.

Dibujo y manuscrito de Johana que se conserva en los archivos escolares.

¿Qué significaron el caso Johana y este documental en tu vida?

Johana significa el entrar al aula y tener una vinculación afectiva con los pibes. De hecho, me dicen “profe bebote”. Johana es estar atento a que los pibes estén comidos, a tender puentes de diálogo donde se pueda hablar de todos los temas sin juzgar, ya sea individual o grupalmente. Johana es hacerles comprender a los pibes la importancia del cuerpo, de los límites y del humor que no afecte y cosifique. Es la construcción de un espacio lo más seguro que se pueda para meternos de lleno a jugar.

¿Y qué crees que significó todo esto en la vida de “los pibes de Johana”?

Un poco lo que hablábamos antes. Estos pibes pueden narrarte miles de cosas que hicieron estos 10 años. Creo que a ninguno nos hizo bien saber que no iba a volver, ni tener una tumba donde ir a despedirse. Pero aprendieron, gracias a Johana, que resignar o quedarse inmóvil no es una posibilidad.

Cierto. Se fortalecieron. Fueron muy valientes. Y la escuela también.

Hicieron de su realidad, que se viene heredando generación tras generación, una nueva escritura. Lograron convencer a las familias de que tenían que transformar la realidad. Al menos probar salir.

Silvia Minoli, sin dudas, fue fundamental para que esto se lograra. Me recuerda un poco a  Marta Pelloni, no sé si vos recordás el caso María Soledad, porque seguro eras chico.

Claro. Totalmente. Son esas personas necesarias. Sobre todo porque surgen en contra de los poderosos y en un contexto en el que no había ni una ley.

En este link, se puede ver el documental completo: “En todos los rincones falta ella”