Llega una nueva sugerencia de lectura de cuentos mendocinos. Se trata de relatos, microficciones, cuentos y narraciones que surgen de la inspiración de autores y autoras que escriben desde esta latitud, desde esta geografía, cultura y memoria compartida. La meta es la divulgación del arte que refleja e identifica a la gente de esta tierra.

Mendoza es tierra de buenísimos narradores y desde aquí se intenta lograr el encuentro de los lectores con las páginas de la literatura local contemporánea.

Mendoza es un foco de cultura que se expande. Hay muchos artistas brindando diariamente su arte en espectáculos y encuentros de todo tipo. En el ámbito de la literatura surgen continuamente espacios y actividades que demuestran el talento de nuestra gente.

Estas dos breves microficciones de Ricardo Bugarín forman parte de la galería de especies incluidas en el bestiario local que el autor compendia en su último libro.

Sobre el autor

Ricardo Bugarín nació y vive en General Alvear. Es escritor, investigador y promotor cultural. Ha publicado los libros de poesía “Bagaje”(1981) y “Textos hallados en una roca” (2020). En el género de microficción publicó “Bonsai en compota” (2014), varios de estos textos fueron traducidos al francés y publicados por la Universidad de Poitiers (Francia); “Inés se turba sola” (2015), “Benignas insanías” (2016), “Ficcionario” (2017) y “Anecdotario” (2020). Su obra ha sido incluida en más de 40 antologías internacionales.

Los dos breves relatos a continuación pertenecen a su libro “De los seres de este reino” (2024).

La iguana amarilla

Alcibíades Palosanto era el interlocutor de la iguana. Iguana amarilla, de ojos verdes. No se la conocía sino por una diminuta pictografía de una cueva santiagueña y la copia semejante que Palosanto llevaba en la espalda, cerca de su hombro derecho. Solamente fray Rodríguez pudo observarla y de él tomamos la siguiente anotación: “La iguana era consultada por el viejo y, según iba turnando su piel en el color que ésta adquiría, se iba leyendo la respuesta. La vi variar del rojo al azabache y de un color casi verde herrumbre que aquí llaman parno. El color celeste era el de la inocencia y auguraba, también, una futura parición”.

Se dice que cuando desapareció Alcibíades, desapareció, también, la diminuta pictografía a la que se hace referencia.

De la iguana amarilla no ha quedado ni el cuero.

El Pichín

En el oeste del Plata habita el Pichín, un pájaro sobrenatural de color bermejo. Se lo describe de siete patas y cinco alas pero sin cara ni ojos. Sobre sus alas, en la curva que marca su cuerpo, se ve una delgada cresta prendida finamente en cada uno de sus extremos y, cuando pasa el viento entre ellas (la aludida cresta y las alas), se oye la quejumbre de una música sutil, la que se cree su canto.

“Está cantando el Pichín” es una frase común en esa zona.

El artista Heriberto Joaquín Adriazola lo ha retratado en grandes lienzos que lo muestran en esa selva ribereña